¡Vaya chico valiente!

En un pueblo había una vez un chico muy valiente, cada vez que había que hacer alguna cosa peligrosa, como bajar del árbol al gato de la maestra, era él quien se ofrecía, si le preguntaban decía:

—”No me da miedo, no. Yo si que puedo”.

Los otros chicos del pueblo, ya estaban más que hartos de él, pues siendo tan valiente les hacía parecer unos gallinas, así que decidieron darle una lección y lo retaron a subir al campanario la próxima noche sin luna para tocar las campanas.

El chico, por supuesto les respondió: 

—”No me da miedo, no. Yo si que puedo”.

Conque hicieron un monigote de pez, y lo pusieron justo por donde tenía que pasar, en el rincón más oscuro, bloqueándole el camino.

Así que al llegar la noche, estaba todo muy oscuro, ya que entonces no había electricidad en el pueblo.

El chico comienza a subir las escaleras del campanario, sin miedo, pero teniendo cuidado de no tropezar, pues el que uno sea valiente no significa que haya de ser tan tonto como para romperse la crisma por andar sin cuidado.

Se encuentra al monigote de pez y le dice:

—”Oye, quítate de en medio del camino, que he de subir a tocar las campanas”.

Y el monigote, claro está, no contestó ni se movió.

—”¡Qué te he dicho que te quites, hombre!” 

Y no se quitaba.

—”Mira que si no te quitas te daré una bofetada”.

—dicho y hecho, ¡PLAF!, en la cara le dio y la mano se le quedó pegada, y le dice:

—”¡Se me acaba la paciencia, suéltame la mano y vete o te daré de verdad!”¡PLAAFF!, y se le pega la otra mano, pero como era tan valiente va y le dice:

—”Si no me sueltas ahora mismo las manos te daré una patada que verás las estrellas.Y ¡PLOOF!, patada que le arrea y el pie se le queda también pegado,

—”Pues no me importa, aun tengo otro pie”.¡PLOOOFFF!, otro pie que se le pegó, —”Suéltame que te daré un barrigazo”.

—¡PLUUFF! barriga que se quedó pegada.

—”Que te daré un mordisco, te haré sangre y llorarás, suéltame y vete ya”.—”Mmmmunmuunmumn”.

Total, que al día siguiente fueron los otros chicos a ver que había pasado y se lo encontraron todo pegado al monigote de pez, así que no les quedó más remedio que reconocer que realmente era un chico muy valiente, aunque poco inteligente.

Y colorín colorado esta historia ha terminado.

¡Vaya chico valiente!
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