Caperucita roja

Había una vez una dulce niña a la todo el mundo quería, pero sobre todo era adorada por su abuela. A la pequeña niña, le llamaban “Caperucita Roja”, la apodaban de esa manera debido a que siempre llevaba encima una linda caperuza roja que le obsequió su abuela el día de su cumpleaños.

Un día, la abuela enfermó, y la madre de Caperucita Roja le pidió que llevara a su abuela una canasta con pastel y mantequilla. Pero antes de que Caperucita partiera, le advirtió que tuviera cuidado, que no hablara con extraños y que no se desviara del camino.

La abuela de caperucita vivía en el bosque, camino a su casa, la niña se encuentra a un lobo el cual se acerca a ella y le empieza a hablar.

¿A dónde vas Caperucita Roja?

A casa de mi abuelita.

¿Qué llevas en la canasta?

Llevo pastel y mantequilla.

Caperucita Roja, ¿dónde vive tu abuelita?

Vive en el bosque, a medio kilómetro de aquí, su casa está debajo de tres grandes robles y tiene un seto de avellanas, debes conocer el lugar. —Dijo la niña—.

Entonces el lobo dijo:

Escucha Caperucita Roja, ¡mira que hermosas flores hay allá! ¿Por qué no vas a echar un vistazo? también podrás oír a los pajaritos cantar.

Caperucita Roja vio las hermosas flores y pensó en tomar algunas para su abuelita, así que se desvió del camino en busca de ellas, cada vez que cortaba una bonita flor, veía una aún más bonita, y veía otra aún más bella. Corría tras ellas y sin darse cuenta, se alejaba cada vez más del camino.

El lobo corrió a la casa de la abuela y llamó a la puerta.

¿Quién está ahí?—dijo la abuela—.

Caperucita Roja, te traigo una canasta con pastel y mantequilla.

Levanta el pestillo, —gritó la abuela— estoy muy débil para levantarme.

El lobo entró a la casa, fue directamente a la cama de la abuela, y la engulló. Luego se puso un camisón de la abuela, sus gafas y su gorro y se metió a la cama.

Caperucita Roja, quien se había entretenido bastante rato recogiendo flores, llega a la casa y encuentra la puerta abierta, aquello le parece extraño y comienza a tener un mal presentimiento. Se dirige a la cama de la abuela y ve algo raro en ella.

¡Abuelita, qué orejas tan grandes tienes!

Son para oírte mejor.

¡Abuelita, qué ojos tan grandes tienes!

Son para verte mejor.

¡Oh, abuela, qué boca tan grande tienes!

Para comerte mejor! El lobo salta de la cama y engulle también a Caperucita Roja.

Horas más tarde, un cazador pasa por casa de la abuela y escucha unos ronquidos muy fuertes, ve la puerta abierta y entra temiendo que el lobo se la haya comido. Llega a la cama y ve al lobo durmiendo con el vientre hinchado, sabe que se la ha tragado de modo que toma un cuchillo y le abre la panza para salvar a la abuela. Al hacerlo, Caperucita Roja salta fuera del vientre del lobo y sale también la abuela.

¡Vaya, que miedo tan grande tuve! Estaba muy oscuro ahí adentro. —Dice Caperucita Roja—.

El cazador, para darle una lección al lobo, toma un montón de piedras y las pone en el vientre del animal, luego lo cose. El lobo despierta y al ver el cazador, huye al bosque con pasos torpes debido al peso de su estómago.

El lobo no volvió a molestarles nunca más y Caperucita aprendió a no hablar con extraños. La abuela se mejoró y vivieron todos felices.

Caperucita roja
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