EL REY ACEBO

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CUENTO DE NAVIDAD CELTA 🎄 CUENTOS INFATILES DE NAVIDAD

El sol del verano calentaba la tierra, y la gente se arracimaban alrededor de las anchas ramas del rey Roble para disfrutar de su sombra. Los niños bajaban hasta el río y se daban

un chapuzón antes de correr bajo el sol y volver bajo el rey Roble. Este sonreía complacido al ver que todos sus súbditos buscaban su cobijo, y sonreía con un crujir de corteza y un susurro de hojas.

Llegó el otoño, y las hojas del rey Roble se tornaron de color marrón, empezaron a secarse y finalmente cayeron, como lluvia, sobre la gente que buscaba refugio. Los niños ya no bajaban al río porque el agua estaba demasiado fría, y se quedaban al lado del tortuoso tronco del roble. Dormían todos pegados para intentar conservar el calor, pues las desnudas ramas del rey Roble ya no los protegían.

Llegó el invierno, y cayó una nevada que cubrió el monte con una sábana blanca. Todo el

mundo tiritaba de frío, y miraron hacia arriba, hacia las ramas retorcidas y desnudas del rey Roble. Nada podía hacer para abrigarlos.

De pronto, uno de los niños se puso en pie y señaló hacia el horizonte. -¡M-m-mirad! – exclamó con dificultad, pues los dientes le castañeteaban. Por la colina ascendía un anciano de gran altura y larga barba, cubierto por hojas de color verde oscuro, espinadas y lustrosas; la barba la llevaba ensortijada con los frutos del acebo, pequeñas esferas rojas que resaltaban sobre la blancura de la nieve.

-¿Quién sois? – preguntaron los niños, sorprendidos al ver las hojas de acebo, que no se habían marchitado con el otoño.

-Soy el rey Acebo – respondió el anciano, que extendió las manos como si fuesen dos enormes ramas y cubrió con ellas a los niños, dándoles el refugio que el rey Roble

no les podía proporcionar.

Al ver que la gente corría a refugiarse bajo el frondoso rey Acebo, el rey Roble se enfureció y atacó al anciano de brazos extendidos. No quería que le arrebataran a sus súbditos. Este paró el golpe con sus hojas verdes y sujetó al marchito roble.

-Vete de aquí, rey Roble. Descansa durante el invierno y vuelve en primavera, cuando tus ramas estén vestidas de nuevo de hojas verdes, cuando puedas proteger de nuevo a tus súbditos ordenó el rey Acebo. Así hizo el rey Roble, que se marchó para descansar y regresar en primavera, con fuerzas renovadas, y la gente se tumbó a los pies del rey Acebo, para que los protegiese en los fríos días de invierno.

Por eso en Navidad colgamos ramas de acebo en nuestras casas para que el rey Acebo nos proteja del frío del invierno.

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