El arca de Noé

El Arca de Noé es una historia de la Biblia que ocurrió hace mucho tiempo atrás, cuando en la Tierra existían muchas personas que se había tornado egoísta, solo se preocupaban de ellos y no de los demás. Unos robaban, otros peleaban, los niños eran desobedientes y Dios estaba muy enfadado porque habían olvidado su mandato.

La única excepción era la familia de Noe, quienes trabajaban muy duro y mantenían las palabras del Señor en su corazón. Su vida no era fácil, no pasaban hambre pero tenían lo suficiente y sin embargo, nunca comían sin agradecer y bendecir sus alimentos.

Aquella noche, unos perros hambrientos aparecieron en la puerta y Noé les dio algo de su comida ya que pensaba que todas las criaturas de Dios eran igual de importantes. Al anochecer, su mujer y sus hijos se fueron a dormir pero él no se sentía cansado y tenía un presentimiento.

Al salir de la casa, escuchó que Dios le hablaba y le explicó que puesto que las personas ya no se respetaban, había decidido limpiar la tierra y comenzar de nuevo. Dios lo había escogido a él y a su familia para ayudarle porque eran los únicos que lo tenían recordaban. Pidió que armara un arca con tres pisos y con una puerta lo suficientemente enorme como para que el animal más grande del mundo pudiera entrar.

Noé y su familia trabajaron muy duro y terminaron el arca. Estaban muy orgullosos a pesar de que los vecinos pensaran que se habían vuelto locos: Por más que él les advirtiera sobre el gran diluvio, estos se reían.

Dios le reveló de nuevo que debía de reunir a una pareja de animales de cada especie y meterlos en el arca junto con provisiones. Esto preocupó mucho al anciano, pero el milagro se obró y no quedó una sola pareja de animales por entrar en el arca. Dios había hecho algo maravilloso porque todos los animales se comportaban a la altura, incluso los leones y tigres estaban conviviendo con los corderos pacíficamente.

De pronto, el cielo se cubrió de nubes y un viento frío comenzó a soplar. Dios le dijo a Noé que había llegado el momento y que el diluvio iniciaría, los vecinos terminaron convencidos con las palabras de Noé y subieron al arca.

Llovió tanto que el nivel del agua cubrió toda la tierra, incluso las montañas más altas, pero el arca de Noé navegó y todos, animales y personas, convivieron en armonía.

Después de muchos meses, salió finalmente el sol pero no podían ver tierra firme. Noé envió un cuervo y este regresó sin localizar tierra, lo mismo ocurrió cuando mandó a una paloma pero como él creía bastante en su Señor Todopoderoso, volvió a enviar a otra paloma y esta vez regresó con una rama de olivo. Esto se convirtió en una excelente noticia y un gran alivio. Noé les dijo a todos que si creían en Dios, Él les salvaría a todos.

Al poco tiempo el nivel del agua comenzó a disminuir y el arca desembarcó en la cima de una montaña, Dios habló con Noé una vez más, le dijo que podían salir del arca sin peligro alguno. Tanto ellos como los animales se encontraban a salvo, la tierra ya estaba seca y les encomendó tener muchos hijos y predicar sobre su palabra por donde quiera que pasaran.

El Señor prometió que ya nunca más inundaría el mundo y dejó el arcoíris como recuerdo de cada lluvia. Noé y su familia agradecieron a Dios por todo lo que había hecho por ellos, y después de un tiempo tuvieron muchos hijos: Nuevas generaciones que apreciarían a Dios.

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