¿Quién sabe?

Había una vez, un granjero que tenía una yegua que un día se escapó. Todos los vecinos acudieron a consolarlo al conocer la noticia, y comentaban la mala suerte que había tenido. Pero el les contestaba:

—”¿Quién sabe?, No hay miel sin hiel”.Al cabo de un tiempo la yegua volvió y parió un hermoso potrillo.

Todos los vecinos vinieron a felicitarlo por su buena suerte, ya que no solo había vuelto la yegua, sino que ahora tenía un nuevo caballo. Pero él, pensativo, siempre les contestaba:

—”¿Quién sabe?, No hay miel sin hiel”.

Pasó el tiempo y el hijo del granjero disponía ahora de un hermoso caballo para sus escapadas al pueblo, donde iba a ver a su prometida o a divetirse con sus amigos.

Volvía una noche a la granja cuando al cruzarse con una serpiente que había en el borde del camino, el caballo se encabritó, y tiró al muchacho, con tan mala fortuna que sufrió una fea rotura.

Al no haber ningún doctor en el pueblo, pues era un pueblo de gente pobre, el chico quedo cojo, y no pudo volver a correr ni a bailar.

Estaba muy triste,  pero su padre le decía:

—”¿Quién sabe?, No hay miel sin hiel, así que levanta esos ánimos”.

Poco tiempo después el rey ordenó una leva. Todos los mozos en edad de portar armas debían presentarse para ir a la guerra contra el reino vecino.

Y el padre le dijo:

—”¿Ves hijo mío?, Ahora tú podrás seguir con tus planes de casamiento, mientras tus amigos y vecinos mueren en una guerra que ni nos va ni nos viene. ¿Quién sabe?, No hay miel sin hiel.

Y colorín colorado esta historia ha terminado.

¿Quién sabe?
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