Pinocho

Pinocho era una alegre marioneta de madera que vivía con su padre. Su padre era un carpintero que hacía obras maravillosas y de todo tipo. Un día decidió hacer una marioneta de madera, puso tanto empeño y amor en fabricarla que esta tomó vida y le puso por nombre, Pinocho.

Jugar, leer, aprender, eran algunas de las cosas que le gustaba hacer a Pinocho, pero había un problema, a Pinocho a veces le gustaba mentir.

Su padre le había estado enseñando que mentir no estaba bien, pero por alguna razón a Pinocho no le parecía mal mentir, de hecho, pensaba que era una buena forma de resolver las cosas y es que, muchas veces, mentir lo había librado de tener algunos problemas. Un día rompió uno de los relojes que su padre había estado fabricando y cuando preguntó que había sucedido, bastó con echarle la culpa al perro para evitar un regaño. ¿Quién tomo las herramientas de carpintería para jugar? Habiendo sido Pinocho, dijo que había visto a los hijos del vecino entrar al taller y hacerlo, y así Pinocho mentía con tanta regularidad que se había vuelto una costumbre.

Un día, pinocho estaba jugando con algunas pinturas que tenía su padre cuando accidentalmente volteó uno de los recipientes de pintura sobre un estante que estaba haciendo su padre. Pero sin darse cuenta un poco de la pintura cayó en su mano. En la noche su padre le preguntó si sabía lo que le había sucedido al estante.

Debió haber sido el gato que tropezó con la pintura y la derramó sobre el estante— dijo pinocho

Pero su padre vio la mancha que había caído sobre la mano de Pinocho, se dio cuenta de que Pinocho le mentía.

Mentir no es bueno, hijo mío — le dijo su padre en ese momento — es mejor asumir nuestras responsabilidades.

Esa noche el padre de Pinocho antes de dormir pensó —Me gustaría que sucediera algo que enseñara a Pinocho que las mentiras no son buenas— Extrañamente aquella noche algo pasó, algo que le daría a Pinocho una lección.

Al día siguiente, Pinocho estaba jugando en el taller, cuando de repente tropezó y cayó sobre una pequeña caja musical en la que el carpintero llevaba varios días trabajando.

Ahora a quién debo echarle la culpa para salir de esto— pensó Pinocho qué más da, le echaré la culpa al gato nuevamente.

Su padre entró al taller y vio la caja musical destruida —¿Qué sucedió? ¿Quién hizo esto? ­— preguntó el carpintero. —Fue el gato, papá — dijo Pinocho.

Pero al decir estas palabras la nariz de Pinocho comenzó a hacer algo extraño, creció.

El padre de Pinocho, sorprendido, recordó su deseo de la noche anterior y pensó que quizá tenia algo que ver — Es el momento perfecto para que aprenda su lección — se dijo a sí mismo — ¿Qué le sucede a tu nariz, Pinocho? — le preguntó de manera sarcástica.

No lo sé — respondió Pinocho asustado.

EL padre volvió a preguntar qué le había sucedido a la caja. Pinocho dijo nuevamente que había sido el gato, provocando que su nariz volviera a crecer.

¿Qué le pasa a mi nariz? — preguntó asustado.

Mentir no es bueno — le dijo su padre — ahora dime lo que le sucedió a la caja.

Pinocho llorando le dijo ­— Fui yo, papá. Solo quiero que mi nariz vuelva a la normalidad, no voy a mentir nunca más, he aprendido mi lección.

En el momento que Pinocho confesó, su nariz volvió a su tamaño normal. Desde ese momento Pinocho aprendió que tiene más valor decir la verdad y asumir la responsabilidad por nuestros errores. Su padre lo abrazó y Pinocho le prometió que nunca más diría una mentira de nuevo.

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