EL PATITO FEO

[responsivevoice_button voice="Spanish Female" buttontext="Leer audiocuento"] Escucha ¬ęEL PATITO FEO Cuento ūü¶Ü Valores √©ticos | Las apariencias enga√Īan, discriminar al diferente¬Ľ en Spreaker.

Cuento con valores éticos РResiliencia.

Hab√≠a una vez una granja, grande y bonita, en la que viv√≠an un mont√≥n de animales: vacas, cerdos, ocas, cabras, varios perros, ovejas, patos, alg√ļn gatito que otro‚Ķ. muchos y preciosos animales. Todos se conoc√≠an y eran amigos. As√≠ que todos sab√≠an, de sobra, que mam√° pata estaba a punto de tener de nuevo patitos. Los patitos peque√Īos eran tan bonitos y graciosos que estaban ansiosos por conocerlos. La pata llevaba varias semanas incub√°ndolos y esperaba que, de un momento a otro, hicieran su aparici√≥n.¬†

Era el mediod√≠a de uno de los d√≠as m√°s calurosos del verano. Los animales descansaban tranquilamente a la sombra cuando, de pronto se escuch√≥ cuac, cuac, cuac‚Ķ. Al ponerse de pie, mam√° pata vio como, uno por uno, sus patitos iban rompiendo su cascar√≥n. Seg√ļn consegu√≠an salir ella iba apartando las c√°scaras para dejar espacio a los dem√°s, e iba contando. Un patito, dos patitos, tres, cuatro, cinco y‚Ķ. y el sexto?

Desde el principio aquel huevo hab√≠a sido un misterio. Era muy grande, bastante m√°s que los que compart√≠an espacio bajo el agradable calorcito de su madre. Abuela pata dec√≠a que era un huevo de pavo y le hab√≠a recomendado a mam√° pata que dejara de incubarlo. Pero ella no le hizo ning√ļn caso. Estaba en su nido y, por lo tanto, era su peque√Īo. ¬ŅC√≥mo podr√≠a abandonarlo?

As√≠ que sigui√≥ ah√≠, tranquilamente, esperando a su √ļltimo patito, mientras los dem√°s se iban desperezando ante los animales que se hab√≠an reunido para darles la bienvenida. Su paciencia se vi√≥ recompensada. De pronto el cascar√≥n comenz√≥ a resquebrajarse. Poco a poco, un peque√Īo pico, fue quitando cachitos, haciendo hueco para que una peque√Īa cabecita pudiera asomar por √©l.

Todos los all√≠ congregados se quedaron en silencio, mirando con asombro. Aquel nuevo patito era totalmente diferente a sus hermanos. Su plumaje era gris, en vez de blanquecino, y era m√°s grande y desgarbado. Los comentarios no se hicieron esperar. La vaca moteada, que se pasaba las horas masticando hierba en la pradera, exclam√≥ con tono desde√Īoso:

– ¬°Pero que pato m√°s feo! No se parece en nada a los dem√°s.

Una algarabía de comentarios desagradables rodeó al pobre patito que, asustado, se acurrucó tras su madre. Mamá pato, viendo el modo injusto en que estaban siendo tratados, cogió a sus patitos y se alejó de allí.

El tiempo fue transcurriendo y las cosas no fueron a mejor. Todo lo contrario. Seg√ļn el patito crec√≠a su apariencia era, cada vez, m√°s extra√Īa. Se hizo mucho m√°s grande que sus hermanos y pose√≠a un pelaje gris nada agraciado. Los dem√°s animales de la granja no le dejaban en paz: los patos adultos lo picoteaban para alejarlo de ellos, los pavos lo persegu√≠an y las gallinas se pasaban el d√≠a burl√°ndose terriblemente de √©l. La situaci√≥n lleg√≥ a un punto en el que mam√° pato ya no lo pudo aguantar m√°s y acab√≥ por echarlo de all√≠.

El indefenso patito se alejó de su hogar sintiéndose triste y rechazado. ¡Incluso su madre había decidido echarlo de su lado!

РSi nadie me quiere me iré muy lejos de aquí. РDijo para sí el pobre animalito.

Caminó y caminó hasta que, un buen día, encontró una bandada de gansos silvestres. A ellos parecía no importarles su apariencia e incluso lo trataban con amabilidad, así que decidió que se quedaría junto a estos nuevos amigos. Pero la mala fortuna quiso que un día unos cazadores acabaran con ellos. El patito consiguió sobrevivir escondiéndose entre unos juncos. Triste y solo volvió de nuevo a los caminos.

Una tarde encontr√≥, en un peque√Īo valle, una casita en la que viv√≠a una anciana con un gato y una gallina. Se qued√≥ unos d√≠as, pero como la mujer vi√≥ que no pod√≠a ni poner huevos lo ech√≥ del lugar.

Sigui√≥ caminando, solo, durante semanas. Una c√°lida tarde de oto√Īo, mientras contemplaba el atardecer, vio una enorme bandada de grandes p√°jaros que le dejaron con la boca abierta. Sus movimientos eran ligeros y sus plumas blancas como la nieve. ¬°Eran tan hermosos! Los cisnes se alejaron, volando con elegancia. Y el patito, vi√©ndolos partir, pens√≥ que ojal√° √©l pudiera ser, si no tan hermoso como ellos, al menos un poco menos feo. Tal vez as√≠ alguien lo querr√≠a.

El oto√Īo pas√≥ y lleg√≥ el invierno. El patito ten√≠a hambre y mucho fr√≠o. Cuando pod√≠a se guarec√≠a en alg√ļn granero, pero siempre terminaban ech√°ndolo fuera donde fuera. A pesar de todo decidi√≥ que seguir√≠a luchando. Antes o despu√©s encontrar√≠a su lugar en el mundo. Y, aunque fue duro, consigui√≥ sobrevivir. ¬°Por fin lleg√≥ la primavera!

Una soleada tarde de verano se acerc√≥ a un estanque para refrescarse. Al rato observ√≥, maravillado, c√≥mo llegaba volando la bandada de hermosos cisnes que hab√≠a visto el oto√Īo pasado. Los animales se posaron con gracia en el agua y, para sorpresa del patito, se acercaron a √©l.

– Hermano, ¬Ņqu√© haces aqu√≠ tan solo? –¬† Le dijo uno de ellos. – Ven, √ļnete a nuestra bandada.

¬ŅHermano? ¬ŅUnirse a su bandada? ¬ŅQu√© estaba pasando?

Estaba tan sorprendido que no era capaz ni de responder. Aturdido bajó la cabeza y… lo que vio lo dejó de piedra. ¡El estanque le devolvía el reflejo de un hermoso cisne! ¡Era él, era su reflejo! No podía dar crédito a lo que veía.

Levantó la cabeza y mirando al cisne que le había hablado le respondió:

РMe sentiría muy honrado de pertenecer a vuestra bandada. Muchas gracias.

Y, alzando el vuelo, se reunió, por fin, con los suyos.

 

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