Simbad el marino

Esta es la historia de un joven llamado Simbad, vivía en Bagdad y era un muchacho fuerte, valiente y aventurero.

Al morir su padre, heredó una gran fortuna, pero derrochó todo su dinero y se quedó en la miseria, de modo vendió lo poco que le quedaba para embarcarse con unos mercaderes y comerciar por el mundo.

Una tarde, el viento dejó de soplar y el barco se detuvo cerca de una isla, Simbad y otros tripulantes bajaron para explorar la isla. De repente, todo comienza a temblar; fue entonces cuando se dieron cuenta de que la isla no era una isla, sino una enorme ballena.

La ballena se sacudió e hizo que todos salieran volando hasta caer al mar. Sus compañeros nadaron hasta el barco, pero nadie vio a Simbad quien calló un poco más allá y decidieron huir sin él pensando que se había ahogado.

Sostenido a un pedazo de madera, dejó que las olas lo llevaran a un nuevo lugar, y acabó en una isla en cuyo centro, se hallaba una enorme roca blanca. Simbad lleno de curiosidad, se acerca a explorar.

-¡Qué roca más extraña! es enorme, blanca y su textura lisa.

De repente una sombra lo cubre por completo, mira al cielo y ve a una enorme águila que está a punto de posarse sobre él. La enorme roca, en realidad era un huevo; pero Simbad tuvo una idea, ató su turbante a la pata del ave, así cuando emprendiera vuelo, surcaría con ella los aires, y si veía a un barco se lanzaría al mar para ser rescatado.

Pero las cosas no ocurrieron como esperaba, voló con el ave pero no divisó ningún barco, de modo que se desató de la pata del ave cuando ésta aterrizó en una nueva isla en busca de comida.

Era una isla con mucha vegetación, llena de colores y con plantas exóticas; Simbad, cautivado por la belleza de la isla, decidió desprenderse del águila y salir a explorar. Caminó por varias horas hasta detenerse en un valle minado de diamantes, él muy alegre exclama:.

-¡Soy rico, vaya fortuna que me encontrado!

Pero luego se dio cuenta que si no salía de aquel lujar, de nada tener toda esa fortuna. Luego se percata de que el valle no sólo estaba lleno de diamantes, sino también de serpientes. Recogió todos los diamantes que pudo y los guardó en una bolsa de cuero que traía encima y salió de aquel lugar, no sin antes matar a una de las serpientes y llevársela consigo, pues se le ocurrió otra idea. Se ató la serpiente a la espalda y esperó que un águila lo confundiera con comida para así salir de aquella isla. Y sucedió. Esta vez, volando desde el cielo junto con el águila que le cazó, simbad distinguió un barco, se soltó del águila y cayó al agua donde fue rescatado.

Volvió a Bagdad, dónde gracias a los diamantes, vivió como un rey, pero se aburría así que decidió volverse a embarcar para seguir comerciando por el mundo.

Un día su barco es asaltado por unos piratas, le roban todo lo que tiene y además es apresado y vendido como esclavo a un traficante de marfiles. El nuevo trabajo de Simbad ahora consistía en cazar elefantes para quitarles sus colmillos y así dárselos a su amo.

Un día Simbad es perseguido por un elefante y tratando de escapar de su furia, sube a un árbol, el elefante enfurecido sacude el árbol y Simbad cae un su lomo, el animal empieza a correr y lo lleva a un cementerio de elefantes lleno de colmillos.

Sin tiempo que perder, Simbad corre donde su amo y le cuenta de su descubrimiento, el traficante alegre, como muestra de agradecimiento, le otorga la libertad y además le regala tesoros y un barco.

Así Simbad recuperó su fortuna, continuó viviendo sus aventuras y realizando grandes hazañas por el resto de sus días.

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