La Bella Durmiente

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Cuento DISNEY - Cuentos de princesas

√Črase una vez, en un reino muy lejano, un fant√°stico palacio en el que viv√≠an un rey y una reina. Se quer√≠an mucho y ten√≠an la suerte de gozar del cari√Īo y el respeto de sus s√ļbditos. Pero su felicidad no era completa. Ansiaban, m√°s que nada en este mundo, tener un hijo. Pero √©ste no terminaba de llegar. Un d√≠a estaba la reina ba√Ī√°ndose en el r√≠o cuando una rana, que hab√≠a o√≠do sus plegarias, salt√≥ a la orilla y le dijo: ‚ÄúTu deseo ser√° realizado, y antes de un a√Īo, tendr√°s una hija‚ÄĚ.

Ciertamente lo que la rana dijo se hizo realidad y antes de que el a√Īo concluyera la reina tuvo una preciosa hija. El rey estaba feliz y quer√≠a compartir su dicha con todos los habitantes del reino, as√≠ que orden√≥ organizar una fiesta en la que presentar√≠an a la princesa. Adem√°s de a los habitantes del castillo tambi√©n invitaron a los de las aldeas y a las hadas del reino. Pero para agasajar a un hada, como todo el mundo sabe, hace falta presentarle la comida en un plato de oro. Hab√≠a trece hadas en aquel reino, pero en palacio tan s√≥lo ten√≠an doce platos de oro, de modo que el rey, sin darle demasiada importancia, prescindi√≥ de una de ellas.

El d√≠a de la fiesta lleg√≥. Todo el mundo estaba encantado: comieron, bebieron y disfrutaron de la charla y los bailes. Hacia el final del d√≠a la gente fue acerc√°ndose a darle sus regalos a la joven princesa. Las √ļltimas fueron las hadas del reino que, tocando con sus varitas a la ni√Īa, la obsequiaron con sus mejores deseos: una le regal√≥ la belleza, otra la templanza, otra el buen juicio, y as√≠ fueron pasando una tras otra. Cuando la duod√©cima hada iba a tocar a la ni√Īa un tremendo ruido, como de un trueno, la hizo detenerse. A su lado acababa de aparecer el hada que no hab√≠a sido invitada. Enojada, alzando la voz, lanz√≥ su terrible regalo a la princesita.

– El d√≠a que la hija del rey cumpla quince a√Īos se pinchar√° el dedo con el huso de una rueca y morir√°. – dijo.¬†

Y, tan rápido como había llegado, desapareció, dejando a los allí presentes totalmente atónitos.

En ese momento, la doceava hada, que se había quedado sin poder otorgar su don a la princesa, se acercó diciendo:

– No tengo poder para deshacer el maleficio, pero lo que s√≠ puedo es cambiarlo un poco con mi propio hechizo. – Y con suavidad toc√≥ a la ni√Īa con su varita mientras le dec√≠a.¬†

– Cuando la hija del rey cumpla los quince a√Īos se pinchar√° con el huso de una rueca, pero no morir√°, caer√° en un profundo sue√Īo del que s√≥lo podr√° despertarla un beso de amor verdadero.

Al d√≠a siguiente de la fiesta, el rey orden√≥ que todas las ruecas y los husos del reino fueran destruidos. De este modo, pens√≥, su ni√Īa estar√≠a a salvo.

La hija del rey creci√≥, y todos los dones otorgados por las doce hadas se fueron cumpliendo en la joven. Y, por fin, lleg√≥ el d√≠a de su decimoquinto cumplea√Īos. El palacio se hallaba vac√≠o ese d√≠a, pues los reyes hab√≠an tenido que ausentarse. As√≠ que la princesa, aburrida, decidi√≥ pasear por el castillo y explorar todas las habitaciones.

Dando vueltas y m√°s vueltas acab√≥ por llegar a una vieja torre. No pudiendo aguantar la curiosidad subi√≥ las escaleras en forma de caracol hasta el √ļltimo piso. Una vez all√≠ se encontr√≥ con una habitaci√≥n. Se escuchaba un extra√Īo ruido que no era capaz de identificar de modo que abri√≥ la puerta y entr√≥, d√°ndose de bruces con una anciana que trabajaba con un artilugio que ella no hab√≠a visto nunca.


– ¬ŅQu√© est√° habiendo buena mujer? – Pregunt√≥ la joven.

РEstoy hilando con esta rueca. РRespondió la anciana.

– ¬ŅY qu√© es esa cosa que da vueltas? – Pregunt√≥ mientras se acercaba llena de curiosidad. Tom√≥ el huso y nada m√°s hacerlo se pinch√≥ el dedo. En ese mismo instante, la princesa, cay√≥ al suelo y entr√≥ en un profundo sue√Īo.

Todo el reino quedó desolado ante la noticia de que, finalmente, se había cumplido el terrible maleficio. Las hadas, para evitar tanto sufrimiento, decidieron hacerlos dormir a todos hasta que el hechizo quedase roto.

Los a√Īos pasaron y alrededor del castillo fueron creciendo las zarzas y los espinos, dej√°ndolo cada vez m√°s aislado del mundo exterior.¬†

La historia de la princesa dormida se terminó convirtiendo en leyenda y se difundió por todo el mundo. Muchos intentaron atravesar el muro de espinos, pero su esfuerzo fue en vano.

Sin embargo, justo el d√≠a en que se cumpl√≠an los 100 a√Īos de aquel largu√≠simo sue√Īo, un pr√≠ncipe, armado con su espada y su gran fuerza de voluntad, consigui√≥ llegar hasta el patio del palacio. Recorri√≥ incansable el castillo, sala tras sala y torre tras torre hasta conseguir dar con la estancia en la que se encontraba la princesa dormida. Nada m√°s verla qued√≥ completamente cautivado por su enorme belleza. Casi sin darse cuenta de lo que hac√≠a se inclin√≥ y con dulzura deposit√≥ un suave beso en sus labios. Al instante la joven abri√≥ los ojos y le sonri√≥.

Poco a poco todos los habitantes del reino fueron despertando y recuperando el ritmo normal de sus vidas. Y unos días después hicieron una fantástica fiesta para celebrar la boda de los jóvenes príncipes. Que, desde ese día, vivieron felices por siempre jamás.

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