El jorobado de Notre Dame

Relato de la novela de Víctor Hugo

En 1482 se celebra conjuntamente el día de Reyes, la fiesta de los locos y la representación de un misterio en el Palacio de Justicia, por lo que la muchedumbre se paseaba y se aglomeraba bullicioso por todas partes desde la noche antes. Las trompetas y flautas sonaban alegres. La muchedumbre en su loca algarabía actuaba de manera cercana a la locura y se impacientaba porque su preferencia era la representación de la comedia. Cuando casi estaba a punto, los cómicos salían a entretener. Pero era tanta la desesperación por la comedia que casi los cuelgan. Lo salva un apuesto y osado joven, poeta y estudiante, Pierre Gringoire, calmando a la gente solicitando que comience la representación. En el convulsionado ambiente aparecen varios personajes, entre los que figuran el cardenal de Borbón y arzobispo y conde de Lyon, Carlos; el archidiácono Claude Frollo, oscuro personaje lleno de orgullo, soberbia y lujuria escondida detrás de un manto de autoridad y justicia, además era padre adoptivo o protector del campanero y pretendiente de la bella Esmeralda; la bella gitana Esmeralda que sumergía en un estado de total dependencia a los hombres que le dirigían la mirada, por sus ademanes atrevidos y sensuales pero también inocentes y divertidos; el capitán Febo de Châteaupers, militar que cautivó a Esmeralda; y el campanero, Quasimodo, jorobado, con un ojo cerrado, la frente amplia y hundida, dientes saltones, con un cuerpo deforme tan ancho como alto pero que desplegaba una agilidad y fortaleza poco usual, al que el gentío lujurioso, ávido de gozo, llevó en hombros hasta el escenario que para el fin de la elección del Papa de los locos se había construído. Hasta allá lo llevaron en loca danza, gritando y alborozados. El jorobado alegre por tan magno honor emitía sonidos guturales aprobando la decisión y permitiendo las más babosas demostraciones de apoyo.

Todo siguió igual hasta que desde la plaza se escuchó un alborozo motivo de la danza, junto a la fogata encendida para los festejos, de la linda Esmeralda, fulgurante y bella, detuvo y retuvo las miradas de todos; incluso el jorobado, elegido el Papa de los locos, quedó atrás. Los deseos por la danzarina gitana provenían de todos los lugares. De la plaza, de Gringoire, de Frollo, quien le ordenó al campanero secuestrase a la linda Esmeralda y la llevase a la catedral para protegerla de los demás gitanos, con intensiones poco éticas y honorables. El secuestro terminó en una acción fallida. El jorobado fue golpeado y detenido y, Esmeralda liberada por el capitán Febo.

Luego de los sucesos, llevan al jorobado a la plaza donde lo encaraman en el patíbulo y donde fue expuesto al escarnio público, cosa que por su deforme anatomía no tardó en expresarse en lanzamientos de frutas podridas, escupitajos, pedradas y groseras expresiones. En una danza ingrata todos pasaban para insultarlo, mientras él pide agua. ¡Agua! ¡Agua! La atención se dirige a la bella Esmeralda que llega hasta donde el jorobado temeroso de que le recriminara su acción y le da agua, llevándole una calabaza a los labios cuarteados del desafortunado campanero, acción que lo enternece, expresada en una lágrima que brota de su ojo y le abre las puertas a un amor platónico que lo llevará a sitios nunca antes experimentados por él.

Los acontecimientos no cesan y mientras esto sucede, el joven Gringoire llega accidentalmente a la Corte de los Milagros, una asamblea de ladrones, mendigos y gitanos de París. Es descubierto y sentenciado a muerte para evitar que revele los secretos de la corte, aunque también y como alternativa se le sentencia a casarse con una gitana. En estas circunstancias no había gitana que accediese a casarse con él.

– No, no, colgadle; así disfrutaremos todas.

Varias lo olieron, revisaron sus ropas sucias, zapatos rotos, y buscaban bolsa de dinero que no tenía pero nada de eso les era atractivo. Cuando ya todo estaba dispuesto para que lo ahorcaran, un grito detuvo a todo el mundo.

– ¡La Esmeralda! ¡La Esmeralda!

– ¿Vas a colgar a este hombre? pregunto la bella gitana.

– Si, a menos que tú te cases con él.

– Acepto.

Palabras dichas por Esmeralda que convirtieron al joven más desafortunado en el hombre más envidiado. Claro, la decisión de la bella joven sólo estaba relacionada con su misericordia y enfocada a salvar al joven, más no sentía por él algo más, negándose incluso al beso acostumbrado en las bodas.

A todas estas Frollo siente celos al conocer la noticia de que Esmeralda destila amor por el capitán Febos y comienza la búsqueda de alguna acción para quedarse con la gitana. Por esas circunstancias por las que el destino nos encamina, el cura se encuentra en el sitio justo donde Febos hace alarde a un amigo que la gitana lo ama y que está dispuesto a demostrarle su amor a él entregándose en una cita nocturna. Noticia que enciende de celos al archidiácono y vestido de oscuridad, armado con un puñal que tantea con sus manos, asecha al capitán. Avanzada la noche llegan al sitio de encuentro, pero también se haya Frollo lleno de intenciones malsanas. En la profundidad del encuentro apuñala al capitán y en el entrelazado de las situaciones la que sale culpada por el hecho es Esmeralda. El capitán se desentiende de la gitana por estar comprometido con una elegante aristócrata.

El desafortunado desarrollo de los acontecimientos desemboca en tragedia porque la gitana es sentenciada a muerte. Entre tanto el jorobado que no ha perdido pista de lo que sucede se ha acopiados varias formas para lograr salvar a la joven, gritando: — ¡Asilo!, lo cual hace frente de todos, incluso frente a los verdugos que derriba y saltando regresa a la catedral que se convierte en inexpugnable fortaleza. Situación que se acorta ya que Frollo dispensa a la milicia para que busquen a Esmeralda dentro de la catedral. Mientras tanto La Corte de los Milagros es persuadida de darle apoyo a Esmeralda por Paquette, que descubre que es madre de Esmeralda, su hija perdida que ella creía muerta desde hacía años y por la cual lloraba constantemente. Ya todos en la catedral luchan por ser el ganador del trofeo que no es más que la bella Esmeralda. Mientras tanto Frollo en una singular jugarreta convence a Quasimodo y a Gringoire que busquen a Esmeralda hacia el lado contrario donde él sabe se encuentra la joven, sólo para quedarse junto a ella y proponerle que se convierta en su concubina o muera condenada a morir en la horca. La gitana lo rechaza y él al ganar la milicia la batalla por el control de la catedral, la entrega para que la ejecuten acusada de brujería y de intento de asesinato, previa muerte de Paquette. El joven Gringoire debe huir para salvar su vida.

El cadalso es construido frente a la catedral que es testigo de tanta maldad y bajas pasiones, al ser testigo silencioso de la ejecución de Esmeralda frente al Archidiácono Frollo, quien revela a Quasimodo su alegría y calma de espíritu por la muerte de la joven, cosa que enceguece al jorobado y con su fuerza habitual lo empuja por una de las torres.

EL epílogo es significativo, ya que Quasimodo acude donde yacen los cadáveres de los condenados y encuentra allí el de la joven, quedándose con ella hasta morir d hambre.

Tiempo después abren la tumba y encuentran los esqueletos y al tratar de separarlos, los huesos del jorobado se convierten en polvo.

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