EL FLAUTISTA DE HAMELÍN

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Cuento EL FLAUTISTA DE HAMELÍN 🐭 Resumen

 Hace ya mucho tiempo, en el pueblo alemán llamado Hamelín, todos los habitantes disfrutaban de sus magníficas cosechas y del buen pasto que alimentaba a su ganado.

La vida en Hamelín era maravillosa y todos tenían suficientes ganancias y comida como para no pasar penurias.

Una mañana, como otra cualquiera, comenzaron a llegar cientos de ratones al pueblo. Estos diminutos animales se colaban por los graneros y las despensas hasta que finalmente se apoderaron del pueblo. Estaban por todas partes. Los habitantes comenzaron a tener miedo de perder toda su comida y  posesiones.

Todo el mundo fue a quejarse al gobernador

– ¡Nos quedaremos sin nada! – decían unos.

– ¿Cómo vamos a alimentar a nuestros hijos? – gritaban otros.

El gobernador decidió ofrecer cien monedas de oro a quien  los ayudase a acabar con la plaga de ratones.

 Ese mismo día, apareció por el pueblo un hombre sencillo que llevaba una flauta entre las manos. Avanzando entre la multitud fue directo al gobernador y le dijo:

– Yo los ayudaré a deshaceros de una vez por todas de estas ratas que tantos problemas os causan. Yo soy capaz mediante mis habilidades secretas de atraer a todos los seres vivos del planeta. Uso mi poder con animales que causan daños a las comunidades. Tengan en cuenta que por ser un hombre pobre debo cobrar por mis servicios.

Y sin mediar más palabras, comenzó a tocar una dulce melodía con su flauta. Pronto y para asombro de todos los presentes los ratones salieron de todos sus escondites y se dirigieron mansamente a la plaza del pueblo, donde el flautista tocaba su melodía.

Cuando el flautista comenzó a andar, los ratones lo siguieron al compás de la música. Y así fue como el flautista se llevó a todos los ratones y los apartó del pueblo.

Hamelín volvía a ser un pueblo libre y feliz. Todo el pueblo lleno de alegría comenzó a preparar ricas comidas para celebrarlo, mientras los niños jugaban tranquilos por las calles. 

Fue entonces cuando el flautista regresó al pueblo para cobrar sus cien monedas de oro. Al verlo, el gobernador, le dio las gracias, pero le dijo:

 â€“ No pienso pagarte cien monedas de oro sólo por tocar la flauta. Márchate con tu música a otra parte – y le cerró la puerta en la cara.

Algunos habitantes repetían las palabras del gobernador cuando el flautista pasaba por delante de sus casas.

– ¡Aquí no pagamos por tocar la flauta! –.

El flautista pensó:

– Este pueblo es muy desagradecido y les voy a dar una lección. – 

Entonces, sacó su flauta y comenzó a tocar una melodía aún más bella que la utilizada para atraer a los ratones. Esa preciosa música hizo que todos los niños que jugaban por la calle comenzasen a seguir al flautista, corriendo y bailando a su alrededor, sin que ningún adulto se percatara de lo que sucedía, pues estaban demasiado ocupados preparando la fiesta por haberse librado de los ratones. Solo un niño que no podía oír muy bien se salvó del hechizo. 

Entonces, alguien comenzó a gritar:

– ¡Los niños, los niños! ¡El flautista se lleva a los niños! –

Pero ya era demasiado tarde y los niños desaparecieron tras la colina, hipnotizados por la música del flautista.

El gobernador entendió que su avaricia había hecho que el flautista se enfadase y se fue, junto a todos los habitantes de Hamelín, en busca de sus amados niños. Tras unas horas de angustiosa búsqueda, encontraron por fin al flautista sentado junto a unas rocas.

 â€“ Por favor señor, acepte nuestras disculpas y tome su merecido dinero por habernos liberado de los ratones. Hemos sido muy desagradecidos y egoístas al no valorar su buen hacer – dijeron los habitantes del pueblo. 

– Devuélvanos a nuestros niños señor, ellos no tienen culpa de nada – dijo una mujer. 

El flautista aceptó sus disculpas y comenzó a tocar una nueva melodía. En un santiamén, todos los niños aparecieron de entre los árboles y las familias se abrazaron y sonrieron de alegría por haberlos recuperado. Y así fue como el pueblo de Hamelín aprendió una gran lección y nunca más fueron codiciosos

¿Pero qué fue del flautista?

Continuó su camino en busca de otros lugares donde poder ayudar. 

Y Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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