La avellana

En un día lindo y soleado, El ratoncito verde se encontró una avellana.

—¡Oh! Una avellana, la romperé y me la comeré—.

Entonces, comenzó a saltar encima de la avellana para romperla, pero no lo consigue, la avellana es muy dura.

Va pasando una tortuga, y el ratoncito verde le pide ayuda:

—Hola señora tortuga, ¿me puede ayudar a abrir esta avellana?—

—Si— dijo la tortuga

Entonces, ella y el ratoncito verde comienzan a saltar encima de la avellana para romperla, pero no es posible abrirla.

Viene pasando un conejo.

—Oye conejo, puedes ayudarnos—

–si— dijo el conejo.

Los tres se subieron encima de la avellana, el conejo, la tortuga, y el ratoncito verde, saltaban y saltaban, hasta cansarse y no lograron abrir la avellana.

— no somos lo suficientemente pesados para romperla— dijo el conejo.

Una cebra caminaba buscando pasto para comer, por donde se encontraban los animalitos con la avellana.

—¿Cómo esta señora cebra, nos podrá ayudar a abrir esta avellana?—

—Claro que si—.

La cebra se subió sobre la avellana, luego el conejo sobre ella, la tortuga sobre el conejo y el ratoncito verde sobre la tortuga; saltaron y saltaron una, dos, tres, cuatro, cinco…. se cansaron de saltar y la avellana no se abría.

Agotados, echados en el suelo decían:

—necesitamos más peso para romper esta avellana—-

Al poco rato vieron a un león.

—¡He, león!, por favor ¿puedes ayudarnos?— grito el ratoncito verde.

—si— dijo el león.

Paso seguido, el león, la cebra, el conejo, la tortuga y el ratoncito verde se subieron unos sobre el otro encima de la avellana, saltaron y saltaron tantas veces hasta que no pudieron saltar más sobre la avellana, que tampoco esta vez se abrió.

—- ¡Valla, sí que es dura esta avellana, dijo la tortuga!—

—Miren un elefante— dijo el conejo

—-Señor elefante, señor elefante, puede ayudarnos—- gritaron todos.

—–Sí, en que los puede ayudar—- contesto el elefante.

—-Ayúdenos a romper esta avellana— le pidió el ratoncito verde.

—ok—

Entonces se subió el elefante encima de la avellana, el león sobre el elefante, la cebra sobre el león, el conejo sobre la cebra, la tortuga, sobre el conejo y el ratoncito verde sobre la tortuga. Saltaron y saltaron una y otra vez, cuando de pronto se oyó un sonido “—cra-cra-cra”—la avellana se abrió.

—-si, si si— gritaron todos contentos — se abrió, la avellana se abrió—.

Salieron todos volando por los aires cayendo desparramados al suelo.

De pronto salió un gusano blanco de dentro de la avellana.

—Ya terminaron de hacer tanto ruido— vocifero molesto el gusano.

—- Lo siento, no era nuestra intensión molestarlo—- respondió el ratoncito verde.

Todos los otros animales también se disculparon con el señor gusano.

Al día siguiente para disculparse formalmente, el elefante, el león, la cebra, el conejo, la tortuga y el ratoncito verde, cada uno le llevo un regalo.

—-Gracias amigos, he preparado un pastel vengan, vengan, vamos a celebrar una fiesta—-

Todos la pasaron bien, uno a uno se fueron marchando en silencio sin hacer ruido, para no molestar al señor gusano. Y el gusanito blanco durmió tranquilo durante tres días y tres noches.

 

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