Te veo venir y el Conde Botijo 🏰 Un Cuento sobre la Empatía ❤️

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🏰 El Conde Botijo y la Lección del Carrito Mágico

Hace mucho, muchísimo tiempo, en un reino donde las nubes parecían de algodón de azúcar y los ríos cantaban canciones al pasar, vivía un noble muy peculiar. Se llamaba Don Germán, pero nadie, absolutamente nadie, usaba ese nombre. Todos lo conocían como el Conde Botijo, y la razón saltaba a la vista. Este buen hombre era tan redondito, tan grandote y tan relleno que no había nadie en todo el país que pudiera compararse con él. Sus mofletes eran tan grandes que sus ojos parecían dos pasas escondidas en un bollo de leche, y su nariz, colorada y brillante, asomaba tímidamente como una fresita silvestre en mitad de su cara. 🍓🏰

El pobre Conde Botijo no era feliz con su tamaño. Se sentía muy triste porque su inmensa barriga no le dejaba moverse con libertad. Cuando intentaba atarse los zapatos, se ponía morado del esfuerzo sin conseguirlo, y si quería correr detrás de una mariposa, se cansaba a los dos pasos. Los médicos del reino, que llevaban grandes gafas y ponían caras muy serias, le decían que la única solución era cerrar la boca y no comer. Pero el Conde, que tenía un apetito de gigante, se enfadaba muchísimo con ellos. Pensaba que aquellos doctores eran unos bandidos por querer quitarle sus deliciosos pasteles, sobre todo porque, según él, su ropa encogía sola por la noche y no era culpa de lo que comía. 🥧😤

La situación era tan cómica como preocupante. Un día, al intentar bajar las escaleras de mármol del castillo, el Conde tropezó y, en lugar de caerse de golpe, empezó a rebotar escalón por escalón como si fuera una inmensa pelota de goma: boing, boing, boing. Al llegar abajo, sus sirvientes corrieron asustados, pero él, mareado y un poco avergonzado, dijo que solo se había llevado un susto morrocotudo. Para no sentirse tan diferente, el Conde decidió rodearse de soldados y ayudantes que fueran también muy grandotes, así su barriga no llamaría tanto la atención. Pero en el fondo de su corazón, soñaba con ser ágil y ligero como una pluma. 🎈🤸‍♂️

Fue entonces cuando llegaron noticias al castillo sobre un curandero famoso que prometía milagros. Este hombrecillo tenía un apodo muy gracioso: le llamaban «Te Veo Venir», porque era más listo que un zorro y sabía aprovecharse de cualquier situación. Cuando el curandero vio al inmenso Conde, sus ojos brillaron con codicia. Pensó que, si lograba quitarle la mitad de esa barriga, se haría rico para siempre con el oro del noble. Así que, con una reverencia exagerada, le propuso un trato: el Conde tendría que obedecer en todo, absolutamente en todo, y a cambio le pagaría mil monedas de oro por cada kilo que perdiera. El Conde, desesperado por adelgazar, aceptó sin saber la travesura que le esperaba. 🦊💰

El tratamiento del pícaro curandero no fue nada dulce. Empezó quitándole todos los asados y los postres, obligando al pobre Conde a comer solo hierbas cocidas que sabían a césped mojado. Pero lo peor no era la comida. El curandero, que era un poco abusón, hacía levantar al Conde al amanecer y lo obligaba a empujar una noria pesadísima hasta caer agotado. Y por las tardes, ¡qué barbaridad!, le ponía un arnés como si fuera un caballo y le hacía tirar de un carrito. Lo más indignante era que el propio curandero se subía al carro y, muy cómodo, le daba órdenes para que corriera más rápido, gritándole «¡Arre!» como si fuera un burrito. 🥗🐴

El Conde Botijo sudaba, resoplaba como una locomotora de vapor y se sentía muy humillado. Odiaba que le trataran así, sin cariño y con tanta dureza, pero había dado su palabra de honor y tenía que cumplirla. Mientras el Conde corría y sudaba perdiendo kilos a toda velocidad, el curandero, que no hacía nada más que ir sentado y comerse las raciones del Conde, engordaba y engordaba cada día más. Era como si la barriga de uno se estuviera pasando mágicamente al otro. El Conde estaba cada vez más flaco y triste, y el curandero cada vez más gordo y rico. 📉💸

En medio de este extraño tratamiento, ocurrió algo inesperado. Un heraldo tocó la trompeta a las puertas del castillo. Traía un mensaje de un vecino muy antipático, Don Casimiro, un hombre tan delgado que parecía un fideo seco. Don Casimiro, que era muy burlón, retaba al Conde a un duelo por ser, según decía, un «barrigón sinvergüenza». El Conde se enfadó tanto que intentó recoger el guante del desafío del suelo, pero su barriga le pesó tanto que se cayó de bruces. Finalmente, acordaron que el duelo sería al día siguiente y que pelearían a cabezazos. ¡Vaya forma más tonta de pelear! 🎺🥊

Cuando llegó el momento del combate, Don Casimiro, rápido como una lagartija, corrió para dar un cabezazo al Conde. Pero el Conde Botijo, aunque había adelgazado un poco, todavía era muy grande y blando. El golpe de Casimiro rebotó en su barriga, y el Conde, perdiendo el equilibrio, cayó encima de él aplastándolo sin querer. El pobre Casimiro gritaba pidiendo aire debajo de aquella montaña de carne, y tuvo que rendirse y pedir perdón para que el Conde se levantara. Fue una victoria muy divertida, y con los nervios y el susto de la pelea, el Conde perdió de golpe el resto de los kilos que le sobraban. ⚔️😅

Ahora el Conde estaba hecho un figurín, pero también estaba arruinado, pues había tenido que dar todo su oro al curandero. Sin embargo, se dio cuenta de algo muy curioso: el curandero «Te Veo Venir» estaba ahora tan gordo como lo había estado él al principio, debido a la buena vida que se había pegado a su costa. El Conde, que ahora era fuerte y rápido, comprendió que era el momento perfecto para enseñar una lección importante, no por venganza, sino por justicia. Llamó al curandero y le dijo que, como favor por haberle curado, ahora él le curaría su nueva gordura con el mismo sistema y al mismo precio. ⚖️🍔

El curandero se puso a temblar como un flan. No quería tirar del carro ni comer hierbas, pero el Conde fue firme. Durante unos días, hizo que el curandero probara su propia medicina: tirar del carrito, correr y sudar. El curandero lloraba y se quejaba, diciendo que aquello era una barbaridad y que le dolía todo el cuerpo. Entonces, el Conde detuvo el carro, le miró a los ojos con bondad y le preguntó si ahora entendía cómo se había sentido él cuando le trataban así de mal. El curandero, avergonzado y cansado, bajó la cabeza y reconoció que había sido muy cruel y egoísta. 🛒💡

El Conde, que tenía un corazón noble, vio que el curandero había aprendido la lección y le perdonó la deuda, dejándole marchar. El curandero salió corriendo hacia su pueblo y nunca más volvió a engañar a nadie. Y así, el Conde recuperó su alegría y puso un cartel en su castillo ofreciendo ayuda a quien quisiera adelgazar, pero siempre con buenas palabras y cariño. Porque el Conde había descubierto el secreto más importante de todos: ponerse en el lugar del otro para saber cómo se siente. 🌟❤️

Guía Pedagógica

🏰 Conde Botijo: Justicia y Corazón

A través de las peripecias de Don Germán, este cuento nos invita a explorar cómo el cuidado del cuerpo y el cuidado del alma (la bondad) van de la mano. Es una historia sobre el crecimiento personal y la superación de la humillación a través del perdón.

⚖️

Empatía Real

El Conde no busca venganza, sino que el curandero comprenda el sufrimiento que causó. Es la diferencia entre castigo y enseñanza.

🍎

Salud y Esfuerzo

Aunque el método del pícaro fue cruel, el resultado muestra que el movimiento y la alimentación equilibrada transforman nuestra vida.

💬 Charla en Familia:

  • 🧁 ¿Por qué el Conde se enfadaba con los médicos al principio? ¿Alguna vez nos cuesta aceptar que algo que nos gusta (como los dulces) no nos hace bien?
  • ⚖️ ¿Crees que el Conde fue justo con el curandero al final? ¿Qué habrías hecho tú?
  • ❤️ ¿Qué significa «ponerse en el lugar del otro»? ¿Cómo podemos hacerlo hoy en casa o en el colegio?

🎨 Actividad: «El Medidor de Sentimientos»

Dibuja dos carritos. En uno, dibuja cómo se sentía el Conde cuando tiraba de él. En el otro, cómo se sentía el curandero. Hablad sobre qué palabras (tristeza, cansancio, vergüenza) pondríais en cada dibujo.

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