El traje nuevo del emperador

En la falda de una colina estaba situada una bella comarca, en la cima de la colina dominando las alturas se erigía un grandioso castillo, en que habitaba el Emperador de la comarca, desde donde gobernaba todo su reino.

Este Emperador tenía un gusto especial por los trajes, le gustaba probarse ropa y que todos le admiraran sus atuendos nuevos.

Diariamente le llevaban a palacio decenas de trajes que el monarca se media para escoger los que le hacían ver mejor y sentirse satisfecho.

Un día llegaron a palacio dos sastres nuevos para ver al Emperador.

—Saludos majestad, nosotros somos dos sastres que confeccionamos trajes maravillosos, con una caracter√≠stica especial.—

El Emperador se sinti√≥ lleno de curiosidad, los sastres dec√≠an que sus ropas eran exquisitas que la gente vulgar y est√ļpida no pod√≠a ver.

Los nobles que estaban oyendo a los sastres, murmuraban, —‚Äúuna ropa que no se puede ver, ¬Ņc√≥mo es eso posible?—-.

El Emperador se qued√≥ meditando, —-de esa forma podre saber qui√©nes son los inteligentes en mi reino—-, esto lo dec√≠a por todos los aduladores que Vivian merodeando alrededor de √©l.

, —- si me pongo esa ropa podre elegir a los mejores cortesanos—-.

El Emperador ordeno a los sastres hacer el traje.

El par de sastres recibieron el dinero suficiente para comenzar a confeccionar el traje. Estos dos individuos eran unos vivarachos, mientras, el monarca se moría de impaciencia por saber cómo sería el susodicho traje.

Envió al primer ministro a supervisar el trabajo de los sastres.

—He venido a ver c√≥mo van con el traje,– los dos falsos sastres le muestran un telar vac√≠o.

—-Vamos muy bien, mirad ya tenemos la mitad del traje hecho, estamos muy adelantados—- esto lo dec√≠an con rostro burl√≥n.

—-Pero que dec√≠s, yo no veo nada, aqu√≠ no hay tela de ning√ļn traje — dijo el ministro molesto.

__claro que si hay la primera parte del traje, como ya hemos dicho, los tontos no pueden verlo, solo los inteligentes—-r√≠en entre dientes, al ver la cara de tonto del pobre ministro.

—ten√©is raz√≥n os est√° quedando muy bien este traje, le informare a su majestad—, el ministro no pod√≠a decirle al Rey que no vio nada porque pasar√≠a por tonto y lo destituir√≠a, ten√≠a que mentirle.

El tiempo pasaba y el monarca seguía esperando por su traje. Entonces envió a su más fiel cortesano.

—-quiero ver el traje del Emperador—- demando el ministro.

—-He aqu√≠ su excelencia, admirad el traje—- se√Īal√°ndole el telar vac√≠o al viejo ministro,

—yo no veo ning√ļn traje—-

—-claro que si, fijaos lo hermoso que es—- dec√≠an los falsos sastres.

El ministro se acordó de no parecer un tonto y se desbordo en halagos sobre el traje.

—-Ten√©is raz√≥n, que tela, que colores, que brillo, es grandioso.—–, se despidi√≥ para informarle al Emperador.

Ante lo informado por el ministro el Rey quiso ir él mismo a ver el traje hecho por los sastres.

Estos dos pillos fing√≠an estar cociendo dando puntadas en el aire, cuando el monarca entro al atelier acompa√Īado de los dos ministros.

—-Bienvenido su majestad, que agradable visita, ¬Ņqu√© os parece vuestro traje, os gusta?— le se√Īalaban un maniqu√≠ desnudo, y por supuesto el Emperador no ve√≠a nada,

El joven ministro se adelantó diciendo que era un traje hermoso elaborado con bellas telas traídas de oriente

También el viejo ministro alagaba el traje diciendo que era suntuoso y muy elegante.

El Emperador al o√≠r lo que dec√≠an sus ministro no encontr√≥ que hacer ya que al parecer era el √ļnico en esa habitaci√≥n que no ve√≠a la ropa.

—no puedo delatarme ante mis s√ļbditos que soy un tonto—- forz√≥ su mejor sonrisa y agradeci√≥ a los dos hombres por su maravilloso trabajo, pag√°ndoles el resto del dinero.

Se anunció que el Emperador desfilaría su maravilloso traje por la calle principal de la comarca.

Los dos sastres entraron a palacio con las manos alzadas como si cargaran el traje, cuando simulaban vestir al Rey le decían que la tela es era tan maravillosa que parecían plumas porque no pesaban nada como si no las llevara puestas, su majestad sonreía complacido,

—-es verdad son muy extra√Īas estas telas, se siente como si no llevara nada—. El joven ministro con halagos le dice que se ve espectacular. Y as√≠ todos en el palacio sonre√≠an alegres porque el Emperador se ve√≠a grandioso en su traje nuevo, mientras los dos pillos hu√≠an con el dinero estafado.

Sonaron las trompetas anunciando el desfile del Emperador. Todos los s√ļbditos apostados a los lados de la calle, quedaron at√≥nitos cuando vieron caminar a su monarca desnudo, pero nadie dec√≠a nada para no quedar como tontos y por miedo a ser castigados, en cambio gritaban:

—hermoso, maravilloso, espectacular, glamoroso, majestuoso—- entre la multitud un ni√Īo grito.

—Mirad el Emperador se pasea desnudo—- todos quedaron paralizados, y comenzaron a murmurar la desnudes del Rey, este acepta que est√° desnudo pero ya es muy tarde, ha quedado en rid√≠culo ante sus s√ļbditos, todos comenzaron a re√≠rse burl√°ndose del Emperador.

El Emperador reconoci√≥ que fue enga√Īado, rojo como un tomate de la verg√ľenza, contin√ļo caminando seguido del sequito de sus cortesanos totalmente humillados.

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