LA HIENA MALVADA

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En apariencia el ego√≠smo triunfa. Esta f√°bula africana muestra c√≥mo termina la avaricia de quien enga√Īa para conseguir sus objetivos.¬†

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Cuento africano ūüźę Leyendas africanas.

Una vez dos hombres, Ali y Mustaf√°, tuvieron que atravesar un desierto en compa√Ī√≠a de un le√≥n, una serpiente, una hiena y un chacal. Los v√≠veres no les duraron mucho y se alegraron mucho al llegar a un oasis, donde encontraron un camello.

Lo ataron a una palmera. Cansados por la larga caminata, se durmieron, acordando matar al día siguiente al camello y hacer con él un buen asado. Solo quedó en vela la hiena, la más perversa y egoísta de la caravana, que ideó un plan diabólico para quedarse con el camello ella sola. Despertó al león y le dijo al oído:

-Ten cuidado porque el chacal tiene intenci√≥n de robar el camello y huir. 

-¬ŅCon que esas tenemos? -rugi√≥ furioso el le√≥n-. Ahora lo arreglo yo. -Y acerc√°ndose al chacal, que estaba durmiendo, lo mat√≥ de un zarpazo y luego volvi√≥ a dormir. 

Ya est√° listo el primero, -pens√≥ la hiena satisfecha de lo que hab√≠a hecho. 

Poco después se aproximó a la serpiente, la despertó y le dijo en voz baja:

-¬ŅHas visto lo que ha hecho el le√≥n? Ha asesinado al chacal mientras dorm√≠a y ha decidido hacer eso mismo con todos nosotros para poder comerse el camello √©l solo. 

-¬ŅAh, si? -dijo la serpiente furiosa- Ahora le dar√© su merecido. Y acerc√°ndose al le√≥n le mordi√≥ con sus envenenados dientes y la fiera muri√≥ casi sin alcanzar a despertarse. Luego la serpiente se durmi√≥ de nuevo. 

-¬°Ya van dos!, pens√≥ la hiena frot√°ndose las patas y aullando en su forma caracter√≠stica. 

De allí a poco se acercó a Ali y le dijo al oído:

– ¬° Despi√©rtate, Al√≠ !. Me he dado cuenta que la serpiente ha matado al le√≥n y al chacal. Si la dejamos, pronto nos matar√° tambi√©n a nosotros para quedarse con el camello. 

-¬ŅAh, si? -dijo Al√≠-. Ahora lo arreglo yo en un santiam√©n. -Y acerc√°ndose a¬°con cautela a la serpiente le aplast√≥ la cabeza con una piedra. Y se acost√≥ de nuevo. 

-¬°Ya van tres!. pens√≥ la hiena alegremente. 

Poco despu√©s manch√≥ de sangre a Al√≠ y fue a despertar a Mustaf√°, que hasta entonces hab√≠a estado roncando, y le susurr√≥: 

-¬°Lev√°ntate, Mustaf√°! Ali ha matado al le√≥n, al chacal y a la serpiente. Temo que quiera repetir su broma con nosotros para poderse apropiar el camello. 

-¬ŅHablas en serio? -dijo Mustaf√°. 

-Naturalmente -respondi√≥ la malvada hiena. 

Entonces Mustaf√° sacudi√≥ a su compa√Īero gritando:

-¬°Vamos, t√ļ! ¬ŅDuermes o finges dormir? ¬ŅEs verdad que has matado al le√≥n, al chacal y a la serpiente?. Disc√ļlpate, si puedes. ¬°Si no, prep√°rate a pagar tus cr√≠menes con la muerte!.

Al√≠ se despert√≥ sobresaltado y no lograba entender nada. Ni siquiera pudo articular una palabra de excusa, igual que le hubiera pasado a un asesino sorprendido en flagrante delito. 

Cuando Mustaf√° vio a Al√≠ manchado de sangre, no dud√≥ ya que, mientras √©l dorm√≠a, hab√≠a matado al le√≥n, al chacal y a la serpiente. 

Sacando el pu√Īal se abalanz√≥ sobre su compa√Īero para hacer justicia r√°pidamente. 

Pero en aquel instante se oyó una voz que decía:

-¡Alto! ¡No es él el asesino!

¬ŅQui√©n hab√≠a hablado? El camello, que, atado a la palmera, hab√≠a visto todo y pudo por tanto explicar a los dos hombres c√≥mo la hiena hab√≠a empujado con enga√Īos al le√≥n para que matase al chacal, a la serpiente para que matase al le√≥n, a Al√≠ para que matase a la serpiente y como, despu√©s de manchar de sangre a Al√≠, hab√≠a tratado de provocar su muerte a manos de mustaf√°. 

Antes de que el camello acabase de hablar, la hiena ya hab√≠a puesto pies en polvorosa. 

Al√≠ y Mustaf√° dieron las gracias al camello, aqu√©l por haber salvado la vida gracias a su intervenci√≥n, y √©ste por no haber llegado a matar a su compa√Īero. As√≠ es que lo desataron y le dijeron:

-Eres libre. -Pero luego suspirando a√Īadieron: -Ahora nosotros tenemos que ayunar hasta el pr√≥ximo oasis. 

-No os preocupéis -dijo el camello-. Esperad y veréis.

cuando amaneció, los condujo al castillo de los genios o espíritus del oasis. 

-Aquí encontraréis de todo- -les dijo-. Comed y bebed, pero iros antes de ponerse el sol para que los genios al regresar no os cojan en su casa.

Al√≠ y Mustaf√° dieron otra vez las gracias al camello, entraron en el palacio, comieron y bebieron hasta la saciedad y salieron hartos y algo alegres. 

La hiena, que los había espiado desde lejos, decidió entonces entrar también en el castillo. Una vez dentro, no supo contener su glotonería. Cuando, después de ponerse el sol, los espíritus del oasis regresaron a su castillo y encontraron al repugnante animal comiendo vorazmente su cena, la mataron sin decirle siquiera -que aproveche-. Desde ese día aprendieron que:

MUCHAS VECES LA VERDAD 

SE BUSCA POR AQU√ć Y EST√Ā POR ALL√Ā.

Refr√°n – Historias de √Āfrica.

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