Hechizo de bruja

Había una vez, un enorme castillo donde vivía una bruja. Era una bruja diferente, no tenía la nariz puntiaguda y enorme, no tenía dientes horribles, ni verrugas, ni un cabello espantosamente enredado. De hecho, era una bruja que tenía un aspecto agradable, al verla no te daría miedo, por el contrario, a las personas les parecería agradable y se acercarían a hablar con ella.

No es algo normal ver una bruja así, esto sucede porque esta bruja no practicaba magia negra, es decir, no hacia maldades a los demás. Como cualquier otra bruja hacía sus pociones, hechizos y conjuros, pero eran para ayudar a las personas, incluso, las personas que vivían al rededor del castillo la buscaban cuando tenían algún problema serio que no pudieran resolver.

Una tarde, la bruja estaba estudiando sus libros de pociones cuando sonó la puerta del castillo. Era un hombre que venía a pedir la ayuda de la bruja, el hombre iba en su carreta cuando, al parecer, algo asustó a los caballos e hizo que corrieran sin control haciendo que una de las ruedas traseras quedara atascada en un hueco que había en el suelo. El hombre le pidió amablemente que lo ayudara con algún hechizo o conjuro que pudiera sacar su carreta de donde estaba atorada.

La bruja aceptó amablemente ayudar al hombre, recogió algunos libros, algunas pociones, las guardó en su mochila y ambos se pusieron en marcha. Al llegar al lugar donde estaba la carreta, la bruja se puso a examinar cuidadosamente lo que sucedía ¡Precisamente estaba atorada! la bruja se inclinó para examinar con mas cuidado la situación cuando, sin darse cuenta, su mochila de deslizó y calló al suelo haciendo que se derramaran las opciones. Por algún motivo la mezcla de las pociones provocó que la mochila de la bruja se encendiera en llamas con todos los libros adentro.

¿Qué harían ahora? Sin libros, ni pociones la bruja no podía hacer mucho y no había tiempo para regresar al castillo, ambos intentaron tirar de la carreta, pero fue inútil, mientras la rueda estuviera atascada era una tarea imposible.

Entonces la bruja recordó un invento que había visto en un libro ¡una palanca! Podían usar una palanca para subir un poco la rueda de la carreta atascada, mientras el otro tiraba de ella, así podría salir, pero necesitaba una vara para eso, buscó al rededor hasta que lo consiguió, encontró una rama que estaba perfecta para el trabajo.

La bruja tomó la rama y la llevó a donde estaba la carreta, pero necesitaba algo más ¿Qué era? Un punto de apoyo, algo donde apoyar la rama y así poder elevar la carreta. El hombre pudo encontrar una gran piedra la cual cargó hasta el sitio donde habrían de colocar la palanca y la dejó caer.

Ambos se colocaron en posición, el hombre delante de la carreta para tirar de ella y la bruja con la palanca, cando ambos estuvieron listos la bruja empujó la palanca hacia abajo para intentar subir la carreta y el hombre tiró de la carreta, pero ningún resultado se vio. La bruja recordó en ese momento que el libro decía que mientras mas alejado se está del punto de apoyo, más fácil es poder levantar las cosas ¡Lo intentarían de nuevo!

Esta vez la bruja se alejó un poco más del punto de apoyo, que era la roca, y nuevamente intentaron, los dos dieron su máximo esfuerzo hasta que por fin lo lograron.

El hombre agradeció a la bruja y se marchó a su casa, Ese día la bruja aprendió que a veces el mejor hechizo es el ingenio

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