El sastre y el oso

 

Relato del cuento corto de Jorge Bucay – Cuento ruso el oso 💚 Cuento con valores sobre la esperanza 💚

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Un cuento sobre un sastre, un zar y su oso 🐻

Un día un zar cruel y autoritario, al descubrir que uno de los botones de su chaqueta favorita se había perdido madó a buscar al sastre.

El orgulloso zar, no soportaba estar mal vestido y culpando al sastre por la perdida del botón ordenó como castigo que fuera apresado inmediatamente y decapitado por el hacha del verdugo al día siguiente.

Nadie osaba contradecir al zar de todas las Rusias y no tardó en cumplirse su orden. El sastre fue arrancado de los brazos de su familia y llevado a la mazmorra del palacio hasta la hora de su ejecución. 

Al anochecer un guardia llevó la cena al recluso y cuando le entregó el plato el sastre dijo, mientras revolvía la comida con la cuchara:

– ¡Pobre zar!.

El carcelero sorprendido por el comentario, se rió a carcajadas de la ocurrencia del sastre y respondió:

– ¿Pobre zar? Pobre de ti, que estás sentenciado a muerte y dentro de pocas horas tu cabeza será separada de tu cuerpo.

– Si, ya lo sé…, digo “Pobre zar”, ya que con mi muerte el zar nunca podrá ver lo que para él sería su más grande alegría. Que su mascota, su querido oso aprenda a hablar.

– ¿Puedes enseñar a hablar a los osos?- preguntó sorprendido el carcelero.

– Si, es un viejo truco de familia…- dijo el sastre mirando distraído su plato.

El pobre carcelero pensó que sería una buena ocasión para conseguir algunos favores ante el zar, así que sin pensárselo dos veces salió a toda prisa a comunicar su descubrimiento.

– ¡El sastre sabe enseñar a hablar a los osos! – Le dijo el carcelero al zar.

Este asombrado y lleno de curiosidad, ordenó que buscaran al sastre y lo llevaran ante su presencia.

Una vez frente al zar este le ordenó:

-¡Enseña a mi oso a hablar en nuestro idioma!

– Supremo zar -dijo el sastre -sería un gran placer complaceros, pero la verdad es que enseñar a hablar a un oso es una difícil tarea que lleva mucho tiempo… y lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo…

El zar se quedó pensativo un momento y tras recapacitar, le preguntó cuánto tiempo llevaría el aprendizaje.

-Bueno, todo depende de la inteligencia del oso… -dijo el sastre.

-Este magnifico oso, es el más inteligente de todas las Rusias -dijo el zar.

-Bueno, -musitó el sastre – si el oso es inteligente… y siente deseos de aprender… yo creo… que el aprendizaje duraría… duraría… no menos de…… DOS AÑOS.

Ante tal aseveración el zar de nuevo se detuvo a pensar y tras un momento de silencio,  sentenció:

-¡Tu pena será suspendida por dos años! Tiempo en el que entrenarás al oso. ¡Empezarás mañana!.

-Alteza -dijo el sastre – Si mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto, y mi familia, se las ingeniará para sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, tendré que dedicar tiempo a trabajar en mi taller para alimentarlos y no podré dedicarme por entero a entrenar a tu oso. Debo mantener a mi familia.

-Eso no será ningún problema -dijo el zar- Tanto tú como tu familia seréis mis protegidos desde este momento y nada de lo que necesitéis os será negado. De ese modo podrás dedicarte a la tarea de enseñar a hablar al oso. 

-Pero, ten en cuenta una cosa -advirtió el zar amenazante – Si el oso no aprende a hablar en el plazo de dos años, te arrepentirás y rogarás haber sido ejecutado por el verdugo. 

A continuación ordenó que llevaran en una carroza de palacio al sastre a su casa con dos grandes bolsas de oro, comida y regalos para su familia.

En casa del sastre todos estaban llorando la muerte del padre y la desgracia de la familia cuando, un lujoso carruaje se detuvo en la puerta y de él bajó el sonriente sastre, repleto de comida, regalos y oro. La esposa y los niños no cabían en sí de asombro.

Una vez a solas el sastre le contó toda la historia a su mujer y esta al terminar exclamó:

-¡Estás loco! ¿cómo vas a enseñar a un oso a hablar?, tú que nunca has visto uno de cerca ¡Que locura! Loco, estás loco.

El sastre le contestó:

– Calma mujer, calma. Hoy fui apresado y sentenciado a muerte. Ese parecía mi destino. Ahora regreso a nuestra casa con provisiones, oro y con dos años de tiempo.

En dos años pueden pasar muchas cosas, puede morir el zar…, puedo morir yo o… lo más importante… a lo mejor el oso habla.

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