La muerte madrina

Erase una vez un hombre pobre que tenía 12 hijos. Al tener al número 13 y como ya no podía mantenerlos, decidió entregarlo al primero que pasara por el camino frente a su cabaña.

Así fue que pasó Dios y le dijo:

-Quiero ser el padrino de tu último hijo.

El hombre después de un momento de duda dijo que no, porque pensaba que Dios le daba mucho a los ricos y dejaba a los pobres pasar hambre.

Tiempo después, paso el diablo y el padre le pregunto:

– ¿Qué buscas?

-Si me entregas a tu hijo, te daré a cambio mucho dinero- respondió el diablo.

El hombre también se negó, porque el diablo siempre engaña a los hombres y por tanto dudaba de su palabra.

Pasó por allí también la muerte, flaca y en los huesos, y le dijo:

-Quiero ser la madrina de tu hijo-

-¿Quién eres?- preguntó el hombre

-Soy la muerte, que hace iguales a todos los hombres.

El hombre entonces contestó:

-Serás tú entonces la madrina de mi hijo, porque no haces diferencia entre los hombres.

La muerte complacida contestó mientras se alejaba con el niño.

-Yo haré rico y famoso a tu hijo.


El chico creció y un día la muerte le dijo que la siguiera, porque le iba a entregar su regalo de madrina.

-Presta mucha atención a mis instrucciones y nunca actúes contra mi voluntad. Te haré un médico muy famoso. Si al visitar a un enfermo me encuentras en la cabecera de su cama, querrá decir que se va a curar con la hierba que te daré. Lo atenderás y éste se salvará. Pero si me ves a los pies de la cama, entonces querrá decir que no se debe salvar. Recuerda, no des a nadie la hierba contra mi voluntad porque sino, lo pagarás.

Poco tiempo después el joven se convirtió en un médico famoso. Un día lo llamaron a ver a un rey que estaba muy enfermo. Encontró a la muerte parada a los pies de la cama del rey. El médico pensó que si engañaba a la muerte ésta se enfadaría, pero creyó que podría perdonarle por ser su madrina. Ayudado por unos sirvientes dio vuelta a la cama de forma que la muerte quedó junto a la cabeza y entonces le dio la hierba y el rey, para sorpresa de todos, se recuperó.

La muerte enojada lo amenazó diciéndole:

-Me has engañado. Por esta vez te lo pasaré por ser tu madrina. Pero si lo vuelves a hacer lo pagarás.

Unas semanas después la hija del rey enfermó. El médico llego y al contemplar la dulzura y belleza de la joven quedó prendado inmediatamente. Pero una vez más la muerte se situó a los pies de la enferma. El muchacho se acordaba de la amenaza pero pensando en la felicidad que podría darle casarse con ella, dejó de razonar con claridad.

No vio la furia que expresaba la mirada de su madrina, ni como ella lo amenazaba con su puño derecho apretado. Tomó a la hermosa princesa en sus brazos y la giró poniéndola con los pies en la almohada y la cabeza en los pies de la cama. Sin pensarlo más le dio la hierba. Al poco rato la princesa fue mejorando y se animó, hasta recuperarse por completo.

La muerte estaba furiosa porque la habían engañado e ignorado de nuevo. Se dirigió a grandes zancadas a casa del médico y llena de furia le dijo:

-Esto se acabó. Me has engañado por última vez. Ahora te llevaré a tí por las vidas que me has robado.

Lo tomó con su mano fría con tanta fuerza que el pobre muchacho no se podía ni mover y se lo llevó a una cueva muy profunda. Ésta estaba iluminada con infinidad de velas.

-Las velas que ves son las vidas de los hombres. Las pequeñas son las de los ancianos y las grandes las vidas de los niños. Pero cuidado, algunos jóvenes también tienen unas velas pequeñas.

-¿Cuál es mi luz?- Preguntó el médico lleno de curiosidad.

La muerte le enseñó una vela casi consumida.

-Madrina dame una luz nueva para poder disfrutar más de la vida y poder casarme con la princesa.

La muerte le contestó que algo así no era posible. Pero tanto insistió el muchacho que la muerte cogió una vela nueva. Se acercó a su casi consumida vela fingiendo que iba a usarla para encenderla, pero en vez de hacerlo tiró la pequeña intencionadamente y ésta se apagó. En ese mismo instante el médico se desplomó, cayendo para siempre en brazos de la muerte.

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