La cebra Camila

Érase una vez una pequeña cebra llamada Camila que vivía en un lugar lejano muy lejano en  las sabanas de África, era una niña muy aplicada, su madre siempre estaba pendiente que estuviera adecuadamente vestida, de modo que le confeccionaba la ropa que tenía que usar cuidadosamente, a Camila no le gustaba su ropa, sin embargo la usaba, su madre le decía que tenía que cuidar su vestimenta, pero Camila en muchas ocasiones rompió su ropa, corriendo y jugando. Pasado el tiempo Camila estaba creciendo más y más y su ropa parecía no quedarle a su medida, su madre le decía que no olvidara su ropa, pues el poderoso viento podría jugarle una mala pasada.

Camila se frustraba, un día decidió que no usaría su ropa, y salió de la casa sin ella, dejando sus rayas expuestas, le gustaban mucho sus rayas y sin esa ropa incómoda podía apreciarlas mejor, además de poder jugar a gusto, sin nada que le incomodara. Todo está bien estoy muy cómoda, cuando de repente una brisa muy fuerte paso de cerca, cubriendo completamente, y violentamente le arranco siete de sus rayas, desesperada trato de recuperarlas pero era inútil la fuerza de la brisa era demasiada y sus rayas se alejaron a una velocidad inalcanzable.

Desesperada corrió tras sus rayas pero pronto se dio cuenta que no las alcanzaría, entonces se detuvo en la sabana a llorar su desgracia, si hubiese tenido más cuidado todavía tendría mis rayas, ahora me veo completamente diferente y no me gusta este aspecto. Así que soltó su llanto siete lágrimas, una serpiente de coral que estaba cerca le pregunto, porque lloras cebra, perdí las rayas de mi vestido, la serpiente le dio un anillo, y así el llanto de Camila fue menos, solo seis lágrimas,  de manera que un gusano le vio y le dijo, te daré un raya de seda, así Camila lloro menos, solo cinco lágrimas, así iba el arcoíris anunciando el fin de la lluvia, y vio a Camila llorar y le pregunta que te pasa, perdí mis rayas, el arcoíris conmovido le dio una raya de color verde, su llanto era menos, solo cuatro lágrimas, y un pájaro tejedor le pregunto porque lloras, perdí mis rayas dijo Camila, bueno te daré este tejido de lino para que lo luzcas, más contenta solo derramo tres lágrimas cuando un cien pies le pregunto porque lloras, pues perdí con el viento siete de mis rayas, el cien pies que tenía muchos zapatos le entregó un cordón de uno de sus zapatos, así la cebra estaba más contenta y solo derramo dos lágrimas, cuando un grillo le pregunto, porque lloras, perdí mis rayas el viento me las robo, el grillo tocando una nota se la regalo, al fin regreso a su casa, con una lagrima su madre la consoló, no llores, y le dio un hermoso cintillo para su cabello.

La madre de Camila le tenía una noticia adicional, desde ese día ya no tendría que usar ropa, pues ya estaba demasiado grande, de modo que luciría, sus rayas con todo su esplendor, mirándose en el espejo cubierta con todos los regalos recibidos la Cebra Camila se sintió feliz, ya no era una pequeña había alcanzado la adolescencia, de manera que abandonaría sus juegos de infancia para aprender cosas nuevas. Desde ese entonces aprendió que todo ocurre a su tiempo, y por etapas, que sus rayas regresaría, y que era única en su estilo, sin olvidar que tenía que ser obediente a su madre a pesar de la edad, porque le faltaban muchas cosas que aprender.     

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