El agua de la vida

Esta es la historia sobre tres hermanos quienes cuidaban a su padre, el rey, que estaba muy enfermo.

Un día encontraron a un anciano de ojos vidriosos y barba blanco mientras paseaban apenados por el jardín del palacio, este les dice que conoce muy bien la preocupación por su padre y que la solución estaba en conseguir el agua de la vida que si el rey bebía de ella se recuperaría. Los hermanos preguntaron en dónde podían conseguirla y el viejo les dijo que era muy difícil de hallar, tanto así que nadie ha logrado dar con su paradero.

El hermano mayor fue el primero en salir a buscarla con la idea de que él heredaría la corona si sanaba a su padre. En el camino se encontró con un duende y lo insultó para que se quitara del medio, el duendecillo se ofendió y le arrojó una maldición para que el camino se desviara hacia las montañas, ahí quedaría atrapado y le sería imposible salir.

El mediano de los hijos, al ver que su hermano no regresaba, decidió salir por el agua con la misma idea de convertirse en el futuro rey. Este también se tropezó con el duende e hizo exactamente lo mismo que su hermano: Insultar a la criatura. Claramente, el duende le aplicó el mismo castigo.

Los días pasaban y el papá no mejoraba ni los demás hermanos regresaban, entonces el menor partió con su caballo a probar fortuna. Él también se encontró con el duende pero este hermano sí fue amable con él, esto alegró mucho al duendecillo y le dijo la localización del agua de la vida: Estaba en un castillo encantado. El duende le entregó una varita mágica para dar tres golpecitos a la puerta y dos panes para los leones que seguro lo esperarían, la única condición es que debía recoger el agua rápido porque a medianoche las puertas se cerrarían para siempre y si estaba adentro nunca más saldría. El joven le dio las gracias y se marchó hacia el castillo.

Cuando llegó, dio los tres golpes indicados con la varita y ocurrió lo que el duende había predicho: Dos leones estaban allí. Lanzó el pan y corrió hacia el salón del castillo, donde estaba una princesa que había sido encerrada ahí por mucho tiempo por culpa de un hechizo malvado. La chica se puso muy feliz y le dijo que se casaría con él si regresaba por ella en menos de un año, se besaron y el chico supo que se había enamorado.

Fue al jardín por el agua y salió a segundos de cerrarse el portón. De regreso se encontró con el duende y le agradeció una vez más por la ayuda pero también le comentó que no había vuelto a ver a sus hermanos, el duende le dijo que los había castigado pero después le dio lastima así que los liberó a unos pocos kilómetros de donde estaban. Volvió a agradecerle y se fue.

Efectivamente, allí se encontraban. Regresaron a casa y el menor le dio el agua a su padre, este se recuperó de inmediato y se puso muy alegre, convocó un banquete para esa misma noche.

Los hijos del rey narraron sus desventuras y cuando supieron que el menor consiguió a una princesa, trataron de ir por ella pero los dos fracasaron: La jovencita había colocado una alfombra de oro y ordenó a los guardias que dejaran pasar al que cruzara la alfombra. Los hermanos la habían evadido pero el menor solo le importaba estar con ella y pasó como si nada por la alfombra.

Y así termina la historia del joven valiente de buen corazón que, con la ayuda de un duendecillo del bosque, sanó a su padre, encontró a la mujer de sus sueños y se convirtió en el nuevo rey.

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