Las Tres Hojas de la Serpiente

Érase una vez un hombre tan pobre, que pasaba apuros para alimentar a su único hijo. El hijo al darse cuenta de la enorme carga que suponía para su padre, le pidió marcharse para procurarse él mismo el pan. El padre le dio la bendición y se despidió de él con tristeza.

En aquel entonces, el rey sostenía una guerra con un imperio vecino y el joven se alistó en su ejercitó, partiendo a la guerra. En el campo de batalla llovían las balas, el joven vio caer a muchos de sus compañeros y, cuando murió el general al mando, la mayoría decidió desertar y darse a la fuga. Pero el valiente muchacho permaneció firme y dio ánimos a sus compañeros gritándoles:

¡No vamos a permitir que se hunda nuestra patria! Organizando a los soldados que quedaban, se lanzaron a la lucha con mucho valor y por fin todos juntos derrotaron al enemigo. El rey se enteró de que la victoria se la debía al ímpetu del muchacho, de modo que como recompensa, lo ascendió por encima de todos, otorgándole grandes riquezas y dandole el título de Primero del reino.

El rey tenía a una hermosísima hija que buscaba prometido, pero era también bastante caprichosa, y había hecho voto de no aceptar por marido a ningún hombre que no prometiese antes solemnemente que en caso de morir ella como gesto de amor, se haría enterrar vivo en la misma sepultura; ella por su parte también se comprometía a hacer lo mismo si moría antes el marido.

El joven quedó cautivo debido a la deslumbrante belleza de la princesa, y pidió de inmediato al rey le permitiese casarse con ella, éste le advirtió de la promesa que debía cumplir y el joven aceptó correr el riesgo sin dudarlo.

Se casaron y fueron felices una temporada, pero un fatídico día, la joven princesa enfermó y los médicos de palacio nada pudieron hacer para evita que falleciera al poco tiempo. Llego el día en el que el cuerpo de la princesa debía ser bajado a la cripta real y el nuevo príncipe cumpliendo su promesa la acompañó a su interior. Una vez dentro, se cerró la gran puerta de piedra.

Al poco tiempo de cerrarse la gran puerta, el joven rey que permanecía sentado en el frío suelo, vio salir de un rincón de la cripta una serpiente que se deslizaba en dirección al cadáver de su amada, sin pensarlo, sacó su espada y la cortó en tres exclamando: “¡No mientras viva!”.

Al rato, una segunda serpiente asomó de otro de los agujeros y al ver a la primera regresó por donde había venido, para regresar poco tiempo después con tres hojas en la boca. El príncipe asombrado, observó como esta delicadamente une los tres pedazos de su compañera y los cubre con las hojas, la serpiente muerta mágicamente sana sus heridas y cobra vida otra vez, ambas serpientes huyen rápidamente dejando en el suelo las horas, ante el asombrado joven  que no podía creer lo sucedido.

El príncipe, pensando en lo ocurrido tiene una idea, Si aquellas hojas pudieron darle vida a una serpiente, posiblemente hagan lo mismo con los humanos, de modo que tomando las tres hojas se dirige ante el cuerpo de la reina y coloca dos hojas en los ojos de su esposa y una en su boca, segundos después, ella también se cura y vuelve a la vida para su asombro.

La pareja emocionada gritan sin parar a través de la gran puerta de piedra hasta que los centinelas los escuchan y llaman al rey, que no podía creer lo que veía al abrir la cripta. Todos en el palacio se alegran y se celebra una gran fiesta por el regreso de los dos príncipes. El príncipe le confía las hojas a un criado y le dice: “Guárdalas bien pues no sabemos cuándo las podremos necesitar de nuevo”.

Meses más tarde, el joven rey decide surcar el mar para ir a visitar a su padre, de modo que se embarca con su esposa hacia su destino. Pero desde que la princesa enfermó, se había producido en la joven un cambio súbito, parecía como si su corazón ya no sintiera afecto por su marido. Durante la larga travesía se enamoró del capitán del barco y para deshacerse de su marido la princesa trama un plan. Una noche, cuando el rey se hallaba profundamente dormido, lo ataron y agarrándolo por los pies y por la cabeza sin que nadie se diera cuenta, lo arrojaron al mar.

La reina le explica su plan a su nuevo amor:

Regresemos a palacio y le diré a mi padre que mi marido murió por una enfermedad en el barco, después con el tiempo te alabaré tanto ante mi padre, que me terminará por consentir en que nos casemos y serás heredero del reino.

Sin embargo no contaron con que aquella noche, había una tercera persona que si presenció aquel crimen, se trataba del fiel criado del príncipe que custodiaba las tres hojitas. Al ver todo lo sucedido deslizó al agua sin ser advertido, un bote para recuperar el cuerpo del mar y devolverle la vida.

Una vez resucitado el joven príncipe junto con su fiel criado remaron tan fuerte y rápido por el mar que llegaron antes que la reina al palacio. Le explicaron al rey padre lo sucedido, y éste que no podía creer que su hija fuese capaz de tanta maldad, ordenó a sus soldados que les encerraran en una cámara por semejante acusación.

Al poco tiempo la hija volvió junto al capitán y con una falsa tristeza, le contó al rey su elaborada mentira. El rey entonces se dio cuenta del engaño y la maldad de la joven princesa y no duda en hacer salir inmediatamente al príncipe y al criado de la cámara en la que se encontraban.

La hija al verlos, entre lágrimas, fingiendo arrepentimiento suplicó perdón al rey. Pero él decepcionado no la puede perdonar, diciendo:

No hay perdón, Él se mostró dispuesto a morir contigo en la cripta e incluso te devolvió la vida y en cambio tú le intentaste asesinar vilmente mientras dormía. Ahora recibirás el castigo que mereces por tu acción.

Fue desterrada y embarcada junto con su cómplice en un pequeño bote en el mar y nunca más se volvió a saber de ellos.


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