👑 La Princesa y la Promesa del Pozo Viejo
Hace mucho tiempo, en un castillo donde las torres parecían tocar las nubes de algodón y los jardines olían siempre a rosas y mermelada de fresa, vivía un Rey con sus cuatro hijas. Todas eran preciosas, pero la más pequeña era, sin duda, la más revoltosa y encantadora. Tenía el pelo dorado como los rayos del sol y una risa que sonaba como campanitas de plata. Le encantaba correr por el bosque cercano, persiguiendo mariposas y manchándose los zapatos de barro, porque para ella, jugar era lo más importante del mundo. 🌳☀️🦋
Su juguete favorito era una pelota de oro macizo. Brillaba tanto que parecía una pequeña estrella en sus manos. Una tarde calurosa, la princesita se fue a jugar cerca del viejo pozo de piedra, bajo la sombra fresca de un gran tilo. Lanzaba la pelota al aire y la recogía, una y otra vez. ¡Boing, zas! ¡Boing, zas! Pero, en un descuido, la pelota resbaló de sus dedos, rebotó en el borde de piedra y… ¡Ploooop!, cayó directa al fondo del pozo oscuro y profundo. 😫⚽💧
La princesita se asomó, pero el agua estaba tan honda que no se veía el fondo. Empezó a llorar desconsolada, pensando que había perdido su tesoro para siempre. De repente, una cabecita verde y húmeda asomó entre las lentejas de agua. Era una rana de ojos saltones. «Croac, croac. ¿Por qué lloras tanto, niña bonita? Tus lágrimas van a desbordar mi casa», dijo la rana.
La princesa, entre sollozos, le explicó lo de su pelota de oro. La rana, moviendo sus ancas, le hizo una propuesta muy seria: «Yo puedo bajar a buscarla, pero a cambio debes prometerme algo. Si la saco, tendrás que ser mi amiga, dejarme comer de tu plato y dormir en tu almohada». 🐸🤝🤢
La princesa quería su pelota a toda costa y pensó: «¿Qué tontería dice esta rana? Las ranas viven en el agua, no pueden venir al palacio». Así que, sin pensarlo dos veces y queriendo solucionar su problema rápido, gritó: «¡Sí, sí! ¡Te prometo lo que quieras, pero sácame la pelota!». La rana, confiando en la palabra de la niña, se sumergió, buceó hasta el fondo y volvió a salir con la pesada bola de oro en la boca. En cuanto la princesa vio su juguete, lo agarró y salió corriendo hacia el castillo sin decir ni «gracias». La pobre rana gritaba: «¡Espera! ¡No puedo correr tanto!», pero la niña ya había desaparecido, olvidándose por completo de su promesa. 🏃♀️💨🏰
Al día siguiente, mientras la familia real comía una deliciosa sopa en el gran comedor, se oyó un ruido extraño en la escalera de mármol: ¡Plaf, plaf, plaf! Y luego, un toquecito en la puerta. Cuando la princesa abrió, vio a la rana allí plantada. Asustada, cerró la puerta de un portazo y volvió a la mesa, pálida como la cera. El Rey, que era un hombre sabio y justo, notó que algo pasaba. «¿Quién hay ahí, hija mía?», preguntó. La niña tuvo que confesar la verdad: que había hecho un trato para recuperar su pelota, pero que no quería cumplir su parte porque la rana era fría y pegajosa. 🍽️🚪🤴
El Rey se puso muy serio, frunció el ceño y dijo con voz firme: «Hija mía, lo que se promete, se cumple. Si esa rana te ayudó cuando tú lo necesitabas porque tú se lo pediste, ahora tú debes abrirle la puerta. Una promesa es una deuda». La princesa, muy a regañadientes y con el corazón encogido, tuvo que obedecer.
Abrió la puerta y la rana entró dando saltitos hasta su silla. ¡Hop, hop! «Ponme en la mesa», pidió la rana. Y la princesa tuvo que compartir su sopa con ella, aunque se le quitó el hambre del disgusto. 🍜🤨📏
Cuando llegó la noche, la rana, que estaba muy cansada, pidió ir a la habitación de la princesa. La niña sentía escalofríos solo de pensar en tocarla, pero recordó las palabras de su padre. Había dado su palabra para conseguir lo que quería (la pelota), así que ahora tenía que afrontar lo que venía después. Con dos dedos, cogió a la rana y la llevó a su cuarto. La rana la miró con sus grandes ojos y dijo: «Estoy triste porque te doy asco, pero yo cumplí mi parte. ¿Me das un beso de buenas noches?». La princesa, sintiendo de repente pena por haber sido tan injusta con quien la había ayudado, cerró los ojos y le dio un besito rápido en la cabecita verde. 🛌🥺💋
¡Y entonces ocurrió la magia! En un abrir y cerrar de ojos, la rana desapareció y en su lugar apareció un príncipe joven y sonriente, con ojos amables. Le contó que una bruja malvada le había hechizado y que solo alguien que cumpliera su promesa y fuera amable podría salvarle. Se hicieron grandísimos amigos desde aquel día, porque la princesa aprendió que las ranas (y las promesas) a veces esconden sorpresas maravillosas. Y dicen que, años después, se casaron y merendaron pasteles de fresa felices para siempre. ✨🤴💖
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