🐛 En este cuento infantil de una oruga, una diminuta criatura sale de su huevo con muchísima hambre y comienza a descubrir frutas diferentes a lo largo de los días de la semana.
Su aventura terminará con uno de los cambios más sorprendentes de la naturaleza: la transformación de una pequeña oruga en una preciosa mariposa.
La Oruguita Glotona
Siete días, muchas cosas que probar y una sorpresa extraordinaria al final.
🌙 Una noche tranquila, cuando casi todo el jardín dormía, la luna apareció entre las ramas de los árboles y llenó las hojas de una luz blanca y suave.
Sobre una de aquellas hojas había algo diminuto.
Era un huevo.
Redondo, pálido y tan pequeño que cualquiera podría haber pasado junto a él sin darse cuenta.
Durante toda la noche permaneció allí, balanceándose suavemente cada vez que soplaba la brisa.
Debajo, las flores habían cerrado sus pétalos. Los escarabajos se escondían entre las piedras y hasta los grillos parecían cantar más despacio.
Pero dentro de aquel pequeño huevo estaba a punto de ocurrir algo extraordinario.
☀️ A la mañana siguiente era domingo.
El sol apareció por detrás de los árboles, cálido, brillante y resplandeciente.
Sus primeros rayos tocaron la hoja y calentaron el pequeño huevo.
Entonces empezó a moverse.
Primero un poquito.
Después otro poquito.
Hasta que apareció una pequeña grieta.
Y, finalmente, del huevo salió una oruguita diminuta.
🐛 Era realmente pequeña.
Tenía unas patitas minúsculas, un cuerpo blandito y una enorme curiosidad por conocer aquel mundo nuevo.
Pero había algo todavía más grande que su curiosidad.
Su hambre.
Estaba hambrienta. Muy hambrienta.Muchísimo más hambrienta de lo que parecía posible para un animal tan pequeño.
Así que comenzó a caminar por la hoja buscando algo que comer.
El lunes encontró una manzana roja que había caído cerca del árbol.
Parecía enorme comparada con ella.
La oruguita trepó hasta la fruta y empezó a mordisquearla.
Mordisco tras mordisco, abrió un pequeño túnel que atravesó la manzana de un lado al otro.
Cuando salió por el otro extremo tenía el cuerpo un poquito más lleno.
Pero su barriga seguía pidiendo comida.
El martes encontró dos peras maduras.
Atravesó la primera con entusiasmo y después comenzó con la segunda.
Aquello debía de ser suficiente.
Pero no.
La pequeña oruga seguía teniendo hambre.
El miércoles descubrió tres ciruelas brillantes bajo un árbol.
Una. Dos. Tres.
Las atravesó dejando tres pequeños agujeros perfectamente redondos.
Aquella tarde se tumbó un instante sobre una hoja.
Parecía satisfecha.
Pero solo fue un instante.
Muy pronto volvió a moverse.
Seguía teniendo hambre.
El jueves encontró cuatro fresas rojas y perfumadas.
Las fresas olían tan bien que la oruga se lanzó hacia ellas sin perder un segundo.
Atravesó una. Después otra. Luego la tercera. Y finalmente la cuarta.
Cuando terminó, su cuerpo ya no parecía tan pequeño como el domingo.
Había crecido.
Y aun así…
seguía teniendo hambre.
El viernes aparecieron ante ella cinco naranjas.
Cinco enormes y redondas naranjas.
Aquello sí parecía una comida gigantesca.
La oruga trabajó durante buena parte del día.
Entraba por un lado de cada naranja y salía por el otro cubierta de pequeñas gotitas de zumo.
Al terminar la quinta, parecía imposible que pudiera comer nada más.
Pero llegó el sábado.
Y aquel sábado ocurrió algo extraordinario.
La oruguita encontró una mesa llena de comida.
La oruga contempló aquella montaña de alimentos.
Su barriga parecía decirle que debía probarlo todo.
Y eso fue exactamente lo que hizo.
Primero atravesó el pastel de chocolate.
Después el helado.
Luego el queso.
Siguió con la longaniza, la paleta, la salchicha y el quequito.
Cuando llegó a la sandía ya avanzaba bastante despacio.
Pero aun así mordisqueó también la enorme tajada roja.
😣 Aquella noche ocurrió algo que nunca le había pasado.
Le dolía la barriga.
Se encogió sobre una hoja.
Intentó colocarse de un lado.
Después del otro.
Pero nada parecía funcionar.
Había comido demasiado.
El jardín se quedó oscuro y silencioso mientras la pequeña oruga descansaba esperando encontrarse mejor.
A la mañana siguiente era domingo otra vez.
El sol volvió a aparecer sobre los árboles.
La oruga avanzó lentamente hasta una hoja verde, fresca y tierna.
Le dio un pequeño mordisco.
Después otro.
Y otro más.
Aquella hoja sencilla resultó ser exactamente lo que necesitaba.
Poco a poco, el dolor de barriga desapareció.
La oruga volvió a sentirse ligera y tranquila.
🌿 Además, algo había cambiado.
Por primera vez desde que salió del huevo…
ya no tenía hambre.
Estaba completamente satisfecha.
Y desde luego ya no era aquella diminuta criatura del domingo anterior.
Había crecido muchísimo.
Su cuerpo era grande, fuerte y regordete.
🟤 Entonces comenzó una tarea diferente.
Buscó una rama tranquila, se colocó bajo ella y empezó a construir alrededor de su cuerpo una pequeña casa protectora.
Trabajó pacientemente hasta quedar completamente escondida.
Aquella casita se llamaba capullo.
Dentro estaba oscuro.
No había manzanas.
Ni peras.
Ni fresas.
Ni pasteles.
Solo tranquilidad.
⏳ La oruga permaneció allí durante muchos días.
Pasó una semana.
Después otra.
Desde fuera parecía que no estaba ocurriendo absolutamente nada.
Pero dentro del capullo estaba sucediendo el cambio más sorprendente de todos.
✨ Una mañana, el capullo comenzó a moverse.
Primero apareció una pequeña abertura.
Después otra mayor.
Algo empujaba desde dentro.
Poco a poco salió una criatura completamente diferente.
Ya no tenía el cuerpo largo y regordete de una oruga.
Ahora tenía unas alas grandes, delicadas y llenas de colores.
Las extendió lentamente bajo el sol para que se secaran.
El viento pasó suavemente sobre ellas.
Y, cuando estuvieron preparadas, la pequeña criatura que había comenzado su aventura dentro de un diminuto huevo abrió sus alas.
Después se elevó sobre las flores.
Había llegado al jardín siendo una oruguita pequeña y hambrienta.
Y ahora volaba sobre él convertida en una preciosa mariposa.
🐛 Aprendemos con la pequeña oruga
Esta historia permite descubrir de una forma sencilla cómo cambian algunos animales mientras practicamos los números, los días de la semana y los alimentos.
Cada nueva comida aparece en un día diferente, ayudando a los niños a reconocer el orden de lunes a domingo.
Una manzana, dos peras, tres ciruelas, cuatro fresas y cinco naranjas permiten practicar los primeros números mientras seguimos la historia.
La oruga descubre que comer demasiado puede hacer que su barriga se encuentre mal y que no siempre necesitamos seguir comiendo.
El final permite introducir de manera sencilla la transformación de una oruga hasta convertirse en mariposa.
💬 Preguntas para después del cuento
¿Qué comió la oruga el lunes?
¿Cuántas fresas encontró el jueves?
¿Por qué le dolió la barriga el sábado?
¿Qué hizo la oruga antes de transformarse?
¿En qué animal se convirtió al final?
¿Qué fruta de todas las del cuento te gusta más?
🍎 Juego: La semana de las frutas
Dibujad siete hojas de papel y escribid en cada una un día de la semana.
El niño puede dibujar o colocar una fruta en el día correspondiente: una manzana el lunes, dos peras el martes, tres ciruelas el miércoles, cuatro fresas el jueves y cinco naranjas el viernes.
Después podéis intentar contar todas las frutas juntas.
🐛 Preguntas sobre el cuento de la oruga
¿De qué trata este cuento de la oruga?
Cuenta la aventura de una pequeña oruga que sale de un huevo, descubre diferentes alimentos durante una semana y finalmente comienza una sorprendente transformación.
¿Qué alimentos encuentra la oruga?
Durante la semana encuentra una manzana, peras, ciruelas, fresas y naranjas. El sábado también prueba muchos otros alimentos y termina comiendo demasiado.
¿Qué le ocurre después de comer demasiado?
Le duele la barriga y necesita descansar. Al día siguiente come una sencilla hoja verde y poco a poco vuelve a sentirse bien.
¿En qué se transforma la oruga?
Después de permanecer protegida durante un tiempo, sale convertida en una mariposa con grandes alas de colores.
¿Qué pueden aprender los niños con este cuento?
La historia permite descubrir los días de la semana, contar frutas, hablar sobre alimentación y conocer de manera sencilla la transformación de una oruga en mariposa.

